Cuando se anunció el alto el fuego de dos semanas entre Estados Unidos e Irán, surgió la reflexión sobre la naturaleza de la guerra asimétrica y sus consecuencias estratégicas. Shlomo Ben-Ami recuerda un diálogo histórico que ejemplifica cómo la falta de una victoria decisiva en el campo de batalla no implica la derrota en la guerra.
“Nunca nos derrotaron en el campo de batalla”, dijo un coronel estadounidense a un excoronel norvietnamita. “Sí, pero nosotros ganamos la guerra”, respondió categóricamente.
El acuerdo de alto el fuego simboliza la derrota estratégica de la alianza Estados Unidos-Israel frente a Irán. Este conflicto se suma a la lista de confrontaciones donde los ejércitos más poderosos no consiguen convertir las victorias tácticas en triunfos estratégicos debido a la naturaleza asimétrica del enfrentamiento.
Estados Unidos e Israel, y especialmente el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, con su conocimiento histórico, deberían haber anticipado este resultado. Según los principios de la guerra de Carl von Clausewitz, la destrucción de las fuerzas enemigas debe impactar decisivamente su voluntad de resistir, algo que las guerras asimétricas desafían constantemente.
En este contexto, no había razones para pensar que Irán sería la excepción a esta realidad estratégica, reafirmando que las guerras asimétricas continúan siendo un desafío para las potencias militares tradicionales.