Si nada lo impide, este sábado Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, volverá a sentarse frente a un juez. Pero esta vez no será en una corte de Nueva York, sino en Tegucigalpa, y sin las esposas que marcaron su extradición en abril de 2022. El regreso del exmandatario, indultado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, después de ser condenado a 45 años de prisión por narcotráfico, reabre un debate sobre la coherencia de la política exterior estadounidense en la lucha contra el crimen organizado.
Un regreso sin esposas pero con procesos pendientes
Hernández aterrizó en Honduras el pasado 26 de julio, apenas la Corte Suprema de ese país desactivó la alerta roja de Interpol que pesaba sobre él. Su abogado confirmó que el expresidente se presentará voluntariamente ante la justicia hondureña para responder por un caso de presunto fraude y lavado de dinero, reactivado por la fiscalía local en cuanto se conoció su liberación.
La doble vara de Washington se evidencia en que mientras un presidente condenado por narcotráfico recibe un indulto, otros líderes latinoamericanos siguen presos por delitos menores.
El indulto que reconfigura el tablero político
El indulto de Trump a Hernández no solo lo devolvió a la vida política hondureña, sino que ha sido leído como una señal de cómo Washington prioriza sus intereses geopolíticos sobre la lucha contra el narcotráfico. Para analistas, la decisión envía un mensaje peligroso a la región: la justicia estadounidense puede ser selectiva cuando se trata de aliados estratégicos.
- Hernández fue condenado en 2024 por recibir millones de dólares del narcotráfico a cambio de protección.
- El indulto fue anunciado por Trump en el marco de su política de 'clemencia selectiva'.
- La fiscalía hondureña reactivó un caso por fraude electoral y lavado de activos que estaba congelado.
El impacto en la comunidad internacional
Organizaciones de derechos humanos y expertos en justicia internacional han cuestionado la decisión de la Casa Blanca. Mientras tanto, en Honduras, el regreso de Hernández reaviva las tensiones políticas y sociales, en un país que aún busca justicia por las víctimas del narcotráfico y la corrupción.