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Los colombianos que aparecen en el corazón de una red de cocaína investigada por la Fiscalía Antimafia de Roma

Una investigación de la Fiscalía Antimafia de Roma revela una red transnacional de tráfico de cocaína que involucra a tres colombianos clave, con operaciones en Colombia, España, Países Bajos e Italia.

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Foto: La voz del país

Una red transnacional desmantelada en Roma

Una investigación de la Dirección Distrital Antimafia de Roma dejó al descubierto una presunta organización dedicada al tráfico internacional de cocaína que habría construido una red entre Colombia, España, Países Bajos e Italia para abastecer algunos de los principales mercados europeos de droga.

En el centro de la investigación aparecen varios ciudadanos colombianos señalados de desempeñar funciones estratégicas dentro de una estructura que, según la Fiscalía italiana, operaba desde al menos 2023 y tenía capacidad para importar, transportar, almacenar, procesar y distribuir grandes cantidades de cocaína.

El expediente, de más de un centenar de páginas, describe a la organización como una “asociación criminal de carácter transnacional” dedicada al “abastecimiento mediante la importación de grandes cargamentos de cocaína provenientes de otros países”, que posteriormente eran distribuidos en distintas regiones de Italia.

Los colombianos señalados como líderes y operadores

Entre los principales investigados figura Pavel Guarín Morales, colombiano identificado por los investigadores con el alias de “el presidente”. Según la Fiscalía Antimafia, compartía el liderazgo de la organización con el dominicano Jefferson Luis Núñez Camacho y tenía bajo su responsabilidad los “contactos con narcotraficantes radicados en Colombia y España”, así como la coordinación de los mecanismos utilizados para transportar la cocaína hacia territorio europeo.

Las autoridades sostienen que Guarín Morales planeaba operaciones de envío de droga mediante correos humanos y también a través del transporte de cocaína en estado líquido, una modalidad utilizada para dificultar la detección de los cargamentos por parte de las autoridades aeroportuarias y aduaneras.

Junto a él aparece mencionado Ricardo Andrés Asprilla Tovar, otro ciudadano colombiano que, según el expediente, participaba en reuniones con integrantes de la organización, colaboraba en las actividades de distribución y apoyaba la gestión de los negocios ilícitos, incluyendo labores relacionadas con el cobro de deudas derivadas del narcotráfico.

Una tercera colombiana, Diana Marcela Guevara Mayor, también fue incluida dentro de la investigación. Los fiscales italianos le atribuyen labores de apoyo logístico, manejo de comunicaciones clandestinas y administración de recursos económicos en el exterior, funciones consideradas fundamentales para mantener el funcionamiento de una organización con presencia en varios países.

Estructura criminal asentada en Roma con conexiones internacionales

La investigación señala que la red criminal contaba con una estructura estable en territorio italiano. Según la Fiscalía, se trataba de un “grupo criminal asentado de manera permanente en Roma”, integrado por ciudadanos italianos, colombianos y dominicanos, con funciones claramente definidas para la adquisición, transporte y comercialización de cocaína.

Las pesquisas permitieron establecer que uno de los pilares de la organización era precisamente la conexión colombiana. El expediente sostiene que Guarín Morales se apoyaba en un grupo de connacionales y otros ciudadanos sudamericanos para coordinar entregas, administrar rutas y mantener los vínculos con proveedores de droga.

800 kilos de cocaína al año y vínculos con la Camorra

La dimensión internacional del caso quedó reflejada en las declaraciones de un colaborador de justicia que comenzó a cooperar con las autoridades italianas en 2025. Durante sus interrogatorios afirmó que la organización movía “alrededor de 800 kilos de cocaína que ingresan cada año” a distintos mercados europeos.

De acuerdo con su testimonio, los cargamentos llegaban principalmente a Italia y eran distribuidos posteriormente en ciudades como Roma, Milán, Bolonia, Nápoles, Cerveteri y Civitavecchia. El colaborador aseguró además que la red disponía de centros de almacenamiento y puntos logísticos en varias regiones italianas para garantizar la circulación permanente de la droga.

Las autoridades también identificaron indicios de contactos entre la organización y estructuras criminales italianas. En varios apartes del expediente se mencionan negociaciones con integrantes de la Camorra napolitana y relaciones con operadores vinculados a Calabria, región históricamente asociada a algunas de las organizaciones mafiosas más poderosas de Europa.

Negociaciones fallidas y acceso directo a productores

Uno de los episodios que más llamó la atención de los investigadores está relacionado con una presunta negociación de diez kilogramos de cocaína entre integrantes de la red y miembros de la criminalidad organizada napolitana. Según la versión entregada por un colaborador de justicia, el cargamento habría sido entregado a un grupo vinculado a la Camorra que posteriormente simuló una operación policial para quedarse con la droga sin pagar el dinero acordado.

La investigación también documenta cómo la organización buscaba abastecerse directamente de proveedores sudamericanos. Un testigo afirmó que los responsables de la red tenían acceso privilegiado a productores de cocaína y podían obtener droga de alta pureza sin necesidad de recurrir a intermediarios.

El expediente sostiene que la organización disponía de contactos en Colombia, España, Bélgica y Países Bajos, desde donde coordinaba operaciones de importación y distribución. Uno de los testimonios incluso menciona la existencia de una estructura jerárquica encabezada por una mujer radicada en Holanda, quien presuntamente mantenía conexiones directas con narcotraficantes colombianos.

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