Durante mucho tiempo se ha creído que la democracia nació exclusivamente en las polis de la Grecia clásica y continuó con la república romana. Sin embargo, un equipo internacional de investigadores ha descubierto que múltiples sociedades antiguas, en regiones alejadas del Mediterráneo, implementaron mecanismos para limitar el poder y promover la participación ciudadana.
Un índice global de autocracia en la antigüedad
El estudio, publicado en Science Advances, analizó indicadores como el tamaño de las viviendas, la existencia de plazas públicas y los tipos de enterramientos en 31 sociedades antiguas. A partir de estos datos, crearon un índice que mide la concentración del poder y el grado de inclusión ciudadana, elementos clave para definir formas democráticas.
“Muchas sociedades por todo el mundo desarrollaron maneras de limitar el poder de los gobernantes y dar voz a la gente común”, afirma Gary Feinman, investigador del Museo Field y primer autor del estudio.
Evidencias en urbanismo y organización social
El análisis del urbanismo reveló que espacios abiertos y edificios públicos amplios, donde la población podía reunirse e intercambiar información, son indicadores de sociedades más democráticas. Ejemplos incluyen el ágora ateniense, así como plazas similares en civilizaciones prehispánicas de América y ciudades del valle del Indo.
Por el contrario, estructuras como las pirámides faraónicas y diseños urbanos que concentran el poder en una residencia exclusiva reflejan regímenes autocráticos.
Casos destacados: Uruk y Teotihuacán
En Mesopotamia, Uruk presentó tanto elementos autocráticos como espacios para deliberación ciudadana, evidenciando una organización compleja. En Teotihuacán, junto a la monumental pirámide del Sol, se encontraron numerosos conjuntos habitacionales que sugieren una vida comunal y un mercado extenso, reflejando una estructura social participativa.
Desigualdad, origen de ingresos y democracia
El estudio también encontró que las sociedades más democráticas tendían a tener menor desigualdad y a financiarse con ingresos internos, como impuestos. En cambio, aquellas que dependían de recursos externos, como minas o rutas comerciales, mostraban mayor autocracia.
“No existió un camino único e inevitable hacia la democracia”, concluye Feinman, destacando la necesidad de superar narrativas eurocéntricas y reescribir la historia con base en evidencias arqueológicas.