Mientras avanzan en la ubicación y destrucción de minas antipersonal en distintas regiones del país, los integrantes de la Brigada de Ingenieros de Desminado Humanitario del Ejército también desarrollan una tarea ambiental. En los primeros cinco meses de 2026, los uniformados han sembrado más de 60.000 árboles como parte de una estrategia de reforestación que busca contribuir a la recuperación de ecosistemas y a la sostenibilidad de los territorios donde operan.
La iniciativa, presentada en el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, tiene como meta alcanzar los 100.000 árboles sembrados durante este año. Según el Ejército, el avance ya supera el 60 % de ese objetivo gracias al trabajo de los desminadores y al acompañamiento de autoridades ambientales y comunidades.
Un esfuerzo que va más allá de la desactivación de explosivos
Las jornadas de siembra se han concentrado principalmente en Antioquia, Valle del Cauca y Huila, aunque también se adelantan actividades en Putumayo y Caquetá. En estas regiones, la institución desarrolla acciones orientadas a la conservación ambiental de manera paralela a las labores de desminado.
Los más de 60.000 árboles sembrados reflejan un esfuerzo encaminado a la recuperación de ecosistemas y a la construcción de territorios más sostenibles para las comunidades.
Las actividades ambientales también incluyen jornadas de limpieza de fuentes hídricas, recolección de residuos aprovechables y campañas de reciclaje. De acuerdo con Alejandra Espitia, ingeniera ambiental de la Brigada de Desminado Humanitario, estas acciones buscan involucrar de manera activa a las comunidades en la protección de su entorno.
Especies nativas para restaurar suelos y proteger fuentes hídricas
La estrategia de reforestación prioriza especies nativas de cada región. En Antioquia se han sembrado árboles de chachafruto y guayacán; en Valle del Cauca, especies como mata ratón y pacó; y en Huila, gualanday y suribio. Según el Ejército, estas especies contribuyen a la restauración de suelos, la conservación de fuentes hídricas, la protección de ecosistemas ribereños y el fortalecimiento de la fauna silvestre.
Así, en los territorios donde antes existía el riesgo permanente de artefactos explosivos ocultos, los desminadores desarrollan una labor que combina la recuperación de tierras con iniciativas de restauración ambiental. La apuesta, según la institución, es que la eliminación de minas vaya acompañada de acciones que favorezcan la conservación de los recursos naturales y el bienestar de las comunidades.