Un confinamiento forzado en medio de la guerra
Más de 900 campesinos llevan dos semanas confinados en las veredas Siberia, Cumare y Pipiral, así como en los resguardos indígenas Jiw de Barranco Colorado y Barranco Ceiba, en el departamento de Guaviare. La situación es crítica: escasean los alimentos y los medicamentos, y las comunidades temen salir de sus viviendas por los enfrentamientos entre los grupos disidentes de las FARC liderados por 'Calarcá' y 'Mordisco'.
El epicentro de la violencia
Guaviare se ha convertido en el escenario de una guerra silenciosa pero letal entre estas dos facciones, que se disputan el control territorial y las rutas del narcotráfico y la minería ilegal. La masacre reciente en la zona encendió las alarmas, y ahora las comunidades civiles pagan las consecuencias del conflicto.
La urgencia de una misión humanitaria
Las autoridades locales han hecho un llamado urgente al Gobierno Nacional para que envíe una comisión humanitaria que pueda atender a las comunidades afectadas. Mientras tanto, los campesinos sobreviven con lo poco que tienen, sin acceso a servicios básicos ni posibilidad de desplazarse para conseguir alimentos o atención médica.
Necesitamos que el Gobierno intervenga ya. No podemos seguir así, sin comida, sin medicinas, con miedo de salir de nuestras casas. Esto es una crisis humanitaria.
Un conflicto que no cesa
La guerra entre 'Calarcá' y 'Mordisco' no solo ha dejado víctimas mortales, sino que ha generado un desplazamiento forzado y un confinamiento que afecta a cientos de familias. La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos han puesto la mirada en esta región de la Amazonía colombiana, donde la violencia no da tregua.