¿Estamos ‘entrenando’ a nuestro cerebro para la fatiga constante y el olvido? La neurocientífica María José Rubio, docente del grado de Psicología y del máster Universitario en Neuropsicología Clínica de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), analiza el impacto cognitivo del ‘scroll’ infinito, las redes sociales y el uso desenfrenado de chatbots.
El cerebro enganchado a la dopamina
Rubio señala que las redes sociales han aprendido a 'hablar el idioma biológico del cerebro'. Cada notificación, like o novedad activa circuitos dopaminérgicos relacionados con la expectativa de recompensa, no con el placer en sí. 'Cuando la recompensa es variable e impredecible, el cerebro queda enganchado esperando la próxima', explica. Esto es especialmente preocupante en menores, cuya corteza prefrontal aún está en desarrollo.
Igual que el cuerpo se resiente con el sedentarismo, la mente se empobrece cuando vive instalada en la sobreestimulación.
¿Se está 'pudriendo' el cerebro?
Aunque Rubio considera 'demasiado alarmista' la expresión 'brain rot' (podredumbre cerebral), advierte que estamos ante una reorganización preocupante de nuestros hábitos mentales. 'El cerebro es plástico: si lo entrenamos en la fragmentación y la urgencia, se vuelve eficaz en eso, pero menos competente para sostener la atención o profundizar'. El verdadero riesgo es la erosión de capacidades cognitivas superiores por falta de uso. 'No es que pensemos menos: pensamos peor, más deprisa y con menos profundidad'.
Fatiga atencional y la trampa del scroll infinito
La neurocientífica describe una combinación de fatiga atencional, impulsividad y dificultad para sostener el esfuerzo mental. El scroll infinito elimina el punto de cierre natural de las actividades, manteniendo al cerebro en un estado de vigilancia constante. 'La gratificación instantánea va moldeando nuestras preferencias: cada vez cuesta más tolerar procesos lentos o complejos'.
La epidemia silenciosa de la fatiga digital
Rubio califica la fatiga cognitiva como 'una de las grandes epidemias silenciosas de nuestro tiempo'. El cerebro tiene una capacidad limitada para procesar información, y el entorno digital lo somete a una sobrecarga constante. 'Al pasar el día saltando entre notificaciones, mensajes y tareas fragmentadas, agotamos nuestros recursos atencionales mucho antes de percibirlo', lo que se traduce en dificultad para concentrarse, irritabilidad y peor memoria de trabajo.
Cómo recuperar la atención profunda
- Proteger la atención como un bien de primera necesidad.
- Introducir momentos sin pantalla y reducir interrupciones.
- Trabajar en bloques de atención profunda.
- Recuperar la lectura de textos largos o la escritura a mano.
- Aprender a tolerar el aburrimiento sin recurrir al móvil.
- Practicar respiración consciente o meditación para regular el estrés.
La clave es reaprender a ir más despacio. En un entorno que nos empuja a reaccionar, el ‘pensar bien’ exige detenerse.