Zahra Ghanbari, capitana de la selección femenina de fútbol de Irán, vive momentos de alta tensión tras ser incluida en una lista de “partidarios del enemigo” por la República Islámica. Esta medida, anunciada recientemente, implica sanciones severas, incluyendo la confiscación de todos sus bienes.
El régimen iraní ha enfocado su atención en figuras vinculadas a medios de comunicación, artistas y deportistas que han sido acusados de apoyar ataques extranjeros y respaldar a grupos opositores en el exterior, según informó el diario The Sun.
La selección femenina de Irán llegó a Australia a finales de febrero para disputar la Copa Asiática y protagonizó un acto de protesta al negarse a cantar el himno nacional en un partido contra Corea del Sur el 2 de marzo. Este gesto fue calificado de “traición” por medios oficiales iraníes.
Ante las amenazas y el hostigamiento, el gobierno australiano ofreció asilo al equipo, temiendo por su seguridad si regresaban a Irán. Líderes internacionales, incluido el expresidente Donald Trump, advirtieron que las jugadoras podrían correr peligro de muerte si retornaban a su país.
Aunque inicialmente siete jugadoras aceptaron visados humanitarios en Australia, algunas regresaron a Irán bajo presiones que incluyeron amenazas contra sus familias. Zahra Ghanbari fue una de las que retornó, y su regreso fue presentado por medios estatales como un acto de patriotismo, pese a que el régimen confiscó sus bienes.
La incautación incluye el vaciado de cuentas bancarias y la confiscación de propiedades, contradiciendo las promesas oficiales de no aplicar castigos. Otros personajes públicos, como actores y cantantes, también enfrentan medidas similares por parte del régimen.
“No vuelvas [a Irán]… te matarán”, fue el mensaje de voz que una jugadora recibió de su madre, reflejando el clima de miedo que rodea a las deportistas tras su protesta.