En un contexto de tensión por la guerra entre Israel e Irán, el gobierno israelí impuso restricciones severas para la celebración religiosa del Domingo de Resurrección, limitando el acceso de fieles a la Basílica del Santo Sepulcro.
Un operativo sin precedentes en Jerusalén
El Patriarca Latino de Jerusalén, el cardenal italiano Pierbattista Pizzaballa, presidió la misa a puerta cerrada, con la presencia de un reducido grupo de feligreses, como medida de seguridad impuesta por las autoridades israelíes.
Inicialmente, el gobierno había prohibido la tradicional misa del Domingo de Ramos, decisión que generó una ola de críticas internacionales por limitar una celebración religiosa de gran importancia.
Reconsideración tras presión internacional
Ante la fuerte presión mediática y las críticas recibidas, el primer ministro Benjamín Netanyahu decidió permitir la entrada del cardenal Pizzaballa para la ceremonia, aclarando que la medida no tuvo intención de afectar la libertad religiosa.
El primer ministro Netanyahu aseguró que la decisión de restringir la misa no fue tomada con mala intención, sino como una medida de seguridad en un momento complejo.
A pesar de la flexibilización, la celebración se mantuvo con limitaciones estrictas para evitar riesgos ante el conflicto regional.