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‘Si no podemos hablar con rivales políticos, se acabó la democracia’

Entrevista ‘Si no podemos hablar con rivales políticos, se acabó la democracia’Un psiquiatra español explica que el tribalismo está disparado porque las ideolog...

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Foto: La voz del país

Entrevista ‘Si no podemos hablar con rivales políticos, se acabó la democracia’Un psiquiatra español explica que el tribalismo está disparado porque las ideologías políticas están funcionando de brújula moral e identitaria.De acuerdo con experto, las ideologías políticas han tomado el lugar que antes ocupaba la religión. Foto: iStockLink Adriana Amado - Para La Nación (Argentina) - GDA23.05.2026 22:01 Actualizado: 23.05.2026 22:01 Compartir Guardar Ingrese o regístrese acá para guardar los artículos en su zona de usuario y leerlos cuando quiera Reportar Resumen Cerrar Este resumen fue construido con ayuda de IA. Escuchar 00:0000:001X Comentar La url ha sido copiada en el portapapeles Cuando la ciencia política no alcanza para remediar la creciente polarización de las sociedades, la biología de la evolución viene en auxilio. El psiquiatra español Pablo Malo Ocejo, experto en psicología evolucionista, explica por qué la hipermoralización, el enfrentamiento de los extremos y la cancelación han puesto en jaque el debate democrático.“Nuestra mente moral es tribal, y en el momento en que creemos que un grupo pone en peligro nuestra supervivencia, consideramos que todos los miembros de ese grupo son malvados”, afirma durante una entrevista con La Nación.Este enfoque es el eje de su libro Los peligros de la moralidad (Deusto), en el que describe los mecanismos por los cuales, basándose en un postulado moral, personas aparentemente buenas pueden legitimar o cometer actos reprobables.Su experiencia de vida en el País Vasco en tiempos de Eta le hizo ver cómo personas con sólidos valores morales podían aceptar la violencia política sin percibir una contradicción. De ahí viene su interés por la moral y cómo sirve para discriminar entre “ellos y nosotros”, uno de los ejes de su libro.(Le puede interesar: Gabriel Rolón, psicólogo: 'La vida deja de tener sentido cuando alguien busca la felicidad en el pasado')La moral —dice— es un mecanismo evolutivo diseñado para la supervivencia del grupo desde la cooperación y la solidaridad. Pero, para entender la actual polarización, es importante advertir que la mente moral humana es punitiva. “No hay moral sin castigo”, dice. Y cuando el cerebro percibe que el otro, en su diferencia, es una amenaza, la moral despierta emociones viscerales de rechazo.Malo Ocejo advierte que este sesgo evolutivo prioriza creencias útiles para el grupo por sobre la verdad objetiva. Y que esto se observa hoy en la política, pero también en la ciencia. Y, subraya, cuando alguien se atribuye la superioridad moral, ya no hay discusión posible.Ante esto, propone aprender a desconfiar de nuestras intuiciones tribales y recuperar la tolerancia como antídoto contra la “guerra moral” permanente.¿Qué papel juega la moral cuando se victimiza a un grupo por su identidad y a la vez se culpabiliza a otro?La moral tiene varios roles, como la cooperación y la solidaridad, pero hay uno muy importante: no hay moral sin castigo. Se castiga a quienes se saltan las normas morales, porque la moral es punitiva. Para ello, llega a deshumanizar al otro, sea una persona o un grupo. Cuando hablamos de un asesino que ha hecho mucho daño solemos decir que esa persona no puede ser humana. Por lo tanto, no le vamos a aplicar los derechos que aplicamos a los humanos porque es alguien malvado y queda fuera de nuestro grupo. Nuestra mente moral es tribal, y en el momento en que un grupo pone en peligro nuestra supervivencia, consideramos que todos los miembros de ese grupo son malvados que quieren acabar con nosotros, con nuestros sueños y valores sagrados. Lo estamos viendo en las guerras de Ucrania y de Gaza. Hemos visto a ministros y altos funcionarios decir que los enemigos son animales, no personas. Si no pertenecen al género humano, pueden ser tratados con la mayor crueldad y ahí vienen los genocidios, los asesinatos en masa y el mayor sadismo. Todo con la legitimidad de que estás haciendo lo que hay que hacer porque tu moral lo aprueba. El “se lo merece” es la etiqueta que pone la moral.Históricamente este tipo de castigos lo aplicaban las autoridades religiosas a los herejes. ¿Hoy se lo arrogan las ideologías políticas?Las ideologías políticas han tomado el lugar que antes ocupaba la religión y están funcionando de brújula moral. El wokismo es hoy la brújula moral para mucha gente de izquierdas. Tu partido político te da la identidad y los valores sagrados que antes daba la religión, que está en caída. Los seres humanos necesitamos una brújula moral que nos diga que somos buenos, que estamos haciendo lo que hay que hacer para serlo. Esa necesidad no desaparece porque desaparezca la religión tradicional. Hoy la religión ha sido sustituida por la política en un sentido identitario. Aunque es muy difícil de medir y puede ser discutible, creo que antes la gente no ponía tanto la identidad en la política, sino en la religión, en Dios, en la familia, en su grupo y comunidad, y luego estaba el partido por el que votaba. Pero cada vez estamos más solos y la gente ha perdido esas otras fuentes de identidad.El juego democrático requiere que haya ideas diferentes y que respetemos las del otro, pero hemos vuelto todo muy polar, muy blanco y negro.¿La ciencia aporta alguna solución a este estado de crispación?Deberíamos despolitizarnos. Estamos demasiado atontados con la política. En realidad, los ciudadanos pintamos muy poco a la hora de decidir los grandes temas, como el encierro en una pandemia o una guerra. Más que para tener influencia en el curso del mundo, votamos por ese sentimiento de identidad, de pertenencia y de señalar quiénes somos frente a los demás. Y la polarización se extrema si te están tocando un tema tan profundo como la identidad. En los siglos anteriores, después de todas las guerras de religión en Europa, se acordó dejar la religión para el ambiente privado. Lo que antes eran guerras religiosas hoy son guerras de polarización política. En Estados Unidos es donde más lo vemos, pero en España también existe.También en Latinoamérica, izquierda y derecha se polarizan al punto de que parece que no pueden convivir como alternativas políticas.Tanto en América como en Europa estamos en una crispación donde ya no puedes hablar con el que piensa diferente o es de otro partido político. Y es muy grave. El juego democrático requiere que haya ideas diferentes y que respetemos las del otro, pero hemos vuelto todo muy polar, muy blanco y negro. Si no piensan como yo, son fachos, nazis y no puedo ni hablar con ellos porque van contra mis valores sagrados y son unos malvados. Y si no puedes hablar con tus rivales políticos, se acabó la democracia. La democracia es diálogo. Pero si pones la moral en medio y lo tuyo es lo bueno, lo divino, y lo demás es el diablo, no puedes llegar a entendimientos ni compromisos.¿Qué ocurre cuando la ciencia se moraliza? ¿Qué receptividad hay en la comunidad científica frente a hallazgos que cuestionan ideas más instaladas?Pasa lo mismo que con la política. La ideología, sea política o en general, es un mapa del mundo con un componente moral que dice lo que es bueno y lo que es malo, lo que tienes que hacer y lo que no. Cuando metes la ideología en la ciencia, te la estás cargando, porque la ciencia funciona con el código binario verdadero-falso, no con el código moral bueno-malo. Cuando llegó al Tribunal Supremo de Estados Unidos la cuestión de si las trans pueden competir en los deportes de mujeres, le preguntaron a una doctora que estaba declarando si los hombres pueden quedarse embarazados, y no fue capaz de responder. Siendo médico, la respuesta es clara: los hombres no pueden quedar embarazados. Pero como ella es progresista y su grupo tiene esas ideas de que un hombre que se siente mujer es mujer, quedó atrapada entre la verdad y la ideología de su grupo. Y no fue capaz de decir la verdad. Los científicos son seres humanos, y si pones a cualquier humano en la tesitura de elegir entre la verdad o su grupo, en un alto porcentaje la gente va a elegir su grupo.(Además: 'La IA no debe verse como sustituto de un profesional en salud mental')¿No ocurre también una tribalización en el debate sobre lo que es información y lo que es desinformación?Normalmente llamas desinformación a lo que dicen tus rivales, tus enemigos. Con la excusa de que hay desinformación, alguien dice que sí sabe lo que es la verdad. La idea de la desinformación se usa para montar algo de tipo dictatorial, un ministerio de la verdad, como en 1984 de Orwell. Alguien que diga “esto es verdad y esto es mentira”, a fin de censurar lo que dicen los que a mí no me interesan.Los partidos políticos y ciertos líderes moralizan los temas porque saben que la moral moviliza a la gente. Cuando tienes la superioridad moral no pueden discutir contigo, por eso moralizar los temas sirve para descalificar los adversarios.Pablo Malo OcejoPsiquiatra españolSu libro es del 2021, pero acaba de tener una séptima edición, ¿qué ha cambiado desde el momento en que lo escribió?Puedo estar equivocado, pero ahora estoy mucho más pesimista. En estos años ha venido la guerra de Ucrania y hemos visto al patriarca ortodoxo de Moscú pidiendo que se mataran ucranianos. Y luego hemos visto lo ocurrido en Gaza y en otros sitios, donde gente muy inteligente y preparada, que conoce de historia y que vivió un Holocausto, vuelve a caer en el tribalismo de siempre. Una tribu matando a otra. Antes era con palos y lanzas, ahora es con misiles y metralletas. El tribalismo está en muy buena forma. Cada vez es más difícil aspirar a una moral más universal. No vivimos en la misma comunidad moral. Estamos en un mundo con círculos morales diferentes: tenemos el círculo de los ucranianos, de los rusos, de los palestinos, y estamos peleándonos entre todos nosotros. Y los organismos que intentamos que nos protegieran a todos, como la ONU, desgraciadamente valen para muy poco o para nada.Las crisis también son momentos de eclosión. ¿Percibe alguna salida?Tenemos que intentar no moralizar los temas. Soy consciente de que no podemos desmoralizar del todo la política. El aborto, la eutanasia, son temas con un fuerte componente moral. Pero sí podemos no moralizar temas como el cambio climático. ¿Por qué tenemos que hacerlo un tema de buenos y malos? Y convertir a algunos en ‘negacionistas’, que es un término moral. No recuerdo que se montara este teatro moral con la capa de ozono. Los países se juntaron y tomaron medidas. Podríamos hacer lo mismo con el cambio climático. Lo mismo ocurre con el tema trans. Hemos moralizado el tema del sexo y ahora decir que hay hombres y mujeres te convierte en transfóbico, que es otra etiqueta moral. Ocurre que los partidos políticos y ciertos líderes moralizan los temas porque saben que la moral moviliza a la gente. Cuando tienes la superioridad moral no pueden discutir contigo, por eso moralizar los temas sirve para descalificar los adversarios. Hay que intentar no caer en la trampa. Meter el ingrediente moral en todos los problemas políticos impide resolver los temas. Cuando no hay posibilidad de diálogo, la sociedad se estanca. Y eso es grave. ¿Para qué queremos la democracia si solo puede haber una opinión políticamente correcta?ADRIANA AMADOPara La Nación (Argentina) - Madrid Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. Compartir Guardar Ingrese o regístrese acá para guardar los artículos en su zona de usuario y leerlos cuando quiera Reportar Resumen Cerrar Este resumen fue construido con ayuda de IA. 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