En Barranquilla, la extorsión se ha convertido en un sistema criminal que opera sin rostro ni ley, controlado por los Grupos Delincuenciales Comunes Organizados (GDCO). Estas organizaciones actúan como un gobierno paralelo que impone pagos a comerciantes, transportadores y gremios, determinando el valor de una pelea, una venta o incluso una vida.
Un operativo sin precedentes: relatos de víctimas en primera persona
EL TIEMPO accedió en exclusiva a testimonios de tres víctimas que, a pesar de la tragedia, encuentran un matiz irónico en sus experiencias. Entre ellas, un hombre que fue multado por discutir, un vendedor de pescados sometido a pagos ilegales y un conductor de mototaxi que sufrió un accidente en un lugar controlado por estas bandas.
- Multa por una discusión: una víctima relata cómo una simple pelea se tradujo en una extorsión económica impuesta por grupos criminales.
- Vendedor de pescados: obligado a pagar un 'impuesto' ilegal para poder continuar con su actividad comercial sin represalias.
- Mototaxi accidentado: el incidente ocurrió en un territorio controlado por delincuentes, quienes aprovecharon la situación para exigir dinero.
Estos relatos ilustran cómo la extorsión se ha normalizado en Barranquilla, afectando la vida cotidiana y generando un clima de miedo y control ilegal que las autoridades buscan combatir.