Un operativo sin precedentes para contener la crisis energética
La escalada en los precios del petróleo se ha intensificado debido al bloqueo militar iraní en el Estrecho de Ormuz, punto estratégico por donde transita una significativa proporción del gas natural y crudo mundial. Esta situación se agravó tras ataques a grandes campos de gas en Irán y Qatar, elevando el precio del Brent europeo a 111 dólares por barril y acercando al West Texas Intermediate a los 100 dólares en Estados Unidos.
Frente a este panorama, la administración Trump ha desplegado una serie de medidas para frenar el aumento en los costos del combustible, que ya refleja un incremento del 31% en la gasolina y supera los 5 dólares por galón en diésel, afectando el bolsillo de las familias estadounidenses.
Exenciones y liberación de reservas estratégicas
Entre las acciones más destacadas figura la exención temporal de 60 días a la Ley Jones, que impide el transporte de petróleo entre puertos estadounidenses por embarcaciones extranjeras, con el objetivo de aumentar la capacidad logística y aliviar los precios, aunque expertos advierten que el impacto será limitado.
Adicionalmente, el gobierno liberó el 40% de las reservas estratégicas de crudo, equivalente a 172 millones de barriles, en coordinación con la Agencia Internacional de Energía, en la mayor intervención conjunta en el mercado petrolero hasta la fecha.
Para estimular la producción, se agilizaron licencias para empresas petroleras y se autorizó la reactivación de la industria petrolera venezolana, además de permitir la venta de fertilizantes desde Venezuela ante la escasez generada por el conflicto en el Golfo Pérsico.
Levantamiento temporal de sanciones a Rusia y mensajes contradictorios
En un movimiento polémico, Trump anunció la suspensión temporal de ciertas sanciones petroleras a Rusia, permitiendo la compra de crudo y derivados que ya estaban en tránsito, una medida que busca ampliar la oferta global pero que ha generado críticas por financiar indirectamente al gobierno ruso.
Pese a estas acciones, el presidente ha minimizado públicamente el impacto del aumento en los precios, asegurando que estos caerán una vez se normalice la situación en Medio Oriente, aunque la realidad económica para los estadounidenses sigue siendo complicada.
“Los consumidores siguen sintiendo el golpe del aumento en los costos de petróleo, gasolina y diésel mientras las tensiones geopolíticas en Medio Oriente permanecen elevadas, empujando los precios a niveles máximos en años.”
Con menos de medio año para las elecciones intermedias, el impacto económico y político de esta crisis energética se convierte en un desafío clave para la administración estadounidense, que busca evitar un deterioro mayor en la economía y la percepción pública.