La Guajira vive un momento crítico tras registrarse en pocos días una masacre en Maicao que dejó cinco víctimas, incluyendo un menor de 17 años, y enfrentamientos en Uribia que sumaron nueve muertos. Estos hechos violentos reflejan la disputa entre bandas criminales por el control territorial y económico de la región.
Naín Andrés Pérez Toncel, alias 'Bendito menor', líder de la banda los Majayura y parte de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, es señalado como el cerebro detrás de la masacre en Maicao. Su estructura criminal domina Riohacha y se ha consolidado gracias al narcotráfico, contrabando y extorsión.
La masacre del 12 de abril es la número 37 en lo que va del año, marcando un preocupante récord en la última década para la región. Se cree que este ataque es una retaliación por la ofensiva militar contra la banda Pachenca, rival de los Majayura.
A pesar de que 'Bendito menor' había logrado suspensiones provisionales de órdenes de captura en 2025 durante acercamientos de paz, su reincidencia criminal llevó a la reactivación de su orden de captura y a que se ofrezca una recompensa de 500 millones de pesos por información que facilite su detención.
Las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada han utilizado estrategias digitales para reclutar jóvenes, posicionándose también como un fenómeno de narcoinfluencia que exhibe lujos y armas en redes sociales para atraer seguidores.
El interés por controlar la Sierra Nevada radica en sus ventajas económicas y estratégicas: imponen 'vacunas' a actividades productivas como turismo, agricultura y minería, y controlan corredores clave entre Santa Marta, Riohacha y Valledupar para la movilización de tropas.
- Dominio hegemónico de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada.
- Intentos de consolidación del grupo autodenominado EGC en zonas estratégicas.
- Disputas violentas entre ambos grupos con aumento de violaciones a derechos humanos.
- Fragmentación territorial con pactos tácticos entre actores armados por conveniencia.
- Presencia y tránsito en territorios en disputa que podrían convertirse en nuevos focos de conflicto.
La crisis en La Guajira evidencia la compleja realidad de las comunidades afectadas, atrapadas en el fuego cruzado de grupos armados que buscan mantener y expandir su influencia en un territorio clave para el narcotráfico y otras actividades ilícitas.