El próximo 2 de mayo de 2026, en el municipio de Bojayá, se llevará a cabo un acto público en el que el Estado colombiano reconocerá su responsabilidad y pedirá perdón por la masacre ocurrida hace 24 años. Esta jornada, construida en conjunto con las comunidades afrodescendientes e indígenas, marca un nuevo capítulo en los procesos de memoria, reparación y dignificación de las víctimas.
La tragedia se remonta al 2 de mayo de 2002, cuando un cilindro bomba impactó la iglesia de Bellavista durante enfrentamientos entre las FARC y las AUC, causando la muerte de 102 personas, entre ellas 48 menores de edad, y dejando alrededor de 160 heridos. Este ataque generó un trauma colectivo que aún persiste en la población.
Además del impacto humano, la masacre afectó profundamente el tejido social, cultural y espiritual de las comunidades del Chocó, alterando prácticas ancestrales, rituales funerarios y formas tradicionales de duelo. Territorios y espacios sagrados fueron vulnerados, afectando la vida colectiva de afrodescendientes e indígenas.
El Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes ha reconocido el daño cultural como un eje central en la reparación, promoviendo la recuperación de prácticas ancestrales y el fortalecimiento de procesos comunitarios para dignificar la memoria.
Memoria, Dignidad y Esperanza: una agenda conmemorativa que honra la resistencia
La conmemoración se desarrollará durante varios días bajo la agenda “Memoria, Dignidad y Esperanza”, con actividades enfocadas en la sanación, reflexión y resistencia cultural. Incluirá acompañamiento psicosocial y la adecuación de espacios de memoria como el mausoleo y el antiguo Bellavista.
- 30 de abril: expresiones tradicionales como alabaos, gualíes y chigualos, fundamentales en el proceso de duelo y resistencia.
- 1 de mayo: foro sobre memorias y alertas tempranas, y proyección del documental “Bojayá: la verdad desde adentro”.
- 2 de mayo: acto central con la voz de las víctimas como eje para promover la paz y la no repetición.
Este proceso busca consolidar la memoria como herramienta de transformación social, posicionando a Bojayá como un símbolo de resistencia donde la cultura viva sostiene la reconstrucción del tejido social y la exigencia de garantías para que hechos similares no se repitan.
“El reconocimiento del dolor, el fortalecimiento de las organizaciones locales y la protección de la diversidad cultural son condiciones esenciales para avanzar hacia una sociedad más justa.”
La memoria de Bojayá interpela al país sobre la necesidad urgente de construir un futuro en el que tragedias como esta no vuelvan a ocurrir, reafirmando el compromiso con la verdad, la justicia y la no repetición.