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A la conquista de Silicon Valley

Noticia A la conquista de Silicon ValleyIsabella Rodríguez es la CEO de Zolvo, una ‘start-up’ de raíces colombianas.Isabella Rodríguez, CEO de la start up Zolvo...

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Foto: La voz del país

Noticia A la conquista de Silicon ValleyIsabella Rodríguez es la CEO de Zolvo, una ‘start-up’ de raíces colombianas.Isabella Rodríguez, CEO de la start up Zolvo Foto: Archivo personalLink Andres Orlando Zambrano Diaz15.05.2026 08:06 Actualizado: 15.05.2026 08:06 Compartir Guardar Ingrese o regístrese acá para guardar los artículos en su zona de usuario y leerlos cuando quiera Reportar Resumen Cerrar Este resumen fue construido con ayuda de IA. Escuchar 00:0000:001X Comentar La url ha sido copiada en el portapapeles Isabella Rodríguez tiene 24 años, una voluntad a prueba de todo y unas ganas enormes por conseguir sus objetivos, que, es necesario decirlo, a pesar de su edad, están sumamente claros. Desde muy pronto tenía claro su norte. Tanto que a una edad en la que la mayoría de jóvenes están apenas terminando sus prácticas profesionales, ya es CEO de su propia empresa y se está batiendo con los profesionales más innovadores del mundo, los de Silicon Valley. Rodríguez es la gestora de la start-up Zolvo, una empresa que usa inteligencia artificial para asesorar empresas del ecosistema financiero en Estados Unidos. En este momento está recibiendo el apoyo del prestigioso fondo financiador Y Combinator, que para el sector de la tecnología equivale a estar, para ponerlo en términos futbolísticos, en La Masía, el semillero de futbolistas del Barcelona, por donde pasaron, entre otros, Lionel Messi y Lamine Yamal.Para entender mejor sus “precoces” logros, es importante primero decir qué empresas son “egresadas” de Y Combinator: Airbnb, Dropbox, Reddit y Twtich, entre muchas otras; en Colombia podemos mencionar Platzi, Laika y Rappi.Y Combinator es considerada la aceleradora de start-ups más prestigiosa del mundo, no solo por estar detrás de estas empresas sino porque en sus momentos de mayor gloria la persona que estuvo al frente fue Sam Altman, considerado hoy el gran gurú de la inteligencia artificial, al menos el más visible y el hombre que está detrás de ChatGPT.Su modelo de negocio tiene las siguientes etapas. Primero invierte 500.000 dólares en la empresas que selecciona, que este año fueron cerca de 40.000 de todo el mundo. Con ese dinero la empresa beneficiada se enfoca intensamente en el desarrollo del producto, la adquisición de usuarios y la preparación para la financiación, que culmina en el famoso Demo Day. Durante esa jornada, la start-ups presentan sus productos a un grupo de inversores de capital de riesgos con el objetivo de conseguir financiación y consolidarlos.La dificultad para acceder a este grupo y el prestigio que esto da se suele asimilar a graduarse de una de las universidades de élite de Estados Unidos. Pues bien, Isabella está en ese grupo, con solo 24 años, y lo que es más meritorio, lo logró en el primer intento. Su start- up, Zolvo, usa inteligencia artificial para agilizar la verificación de facturas en el mercado de préstamos comerciales de Estados Unidos.Isabella ya logró pasar la primera ronda de la aceleradora Y combinator Foto:Archivo personal Las valoraciones de las empresas en este proceso arrancan en diez millones de dólares y pueden levantar entre cinco y veinticinco millones según lo atractivas que resulten. En ese punto cuenta mucho la narrativa que logren consolidar sus gestores y en eso Isabella tiene todo el talento. Zolvo ya levantó alrededor de un millón de dólares en una ronda presemilla y tiene contratos activos que la acercan a los cien mil dólares de ingresos anuales recurrentes.Entre sus “ángeles” inversionistas está Nicolás Díaz, quien fue su jefe en otra start-up, Domu, y hoy apuesta por el proyecto con una convicción construida sobre el conocimiento de primera mano.Camino al éxitoA su corta edad es una mujer cosmopolita. Es hija de una familia que le enseñó que las fronteras son simples líneas en un mapa y no límites para la imaginación, Isabella aprendió desde niña que el mundo se entiende mejor desde adentro. A los 18 años, recién salida del colegio El Tilata, tomó una decisión que ya demostraba mucho hacía dónde quería ir: se fue a Maine, en Estados Unidos, a trabajar como profesora de tenis en un campamento de verano donde habían grabado la serie de Disney Acampados (Bunk’d).Pero no fue de vacaciones. Fue a trabajar, a aprender, a observar cómo funciona el mundo, a sostenerse sola, en otro idioma, en otra cultura. Después viajó a China. Estuvo seis meses recorriendo el sur del país con el programa Where There be Dragons —el mismo al que asistieron las hijas del expresidente de Estados Unidos Barack Obama—, viviendo con comunidades locales y aprendiendo mandarín, sin celular, siendo la única colombiana en un grupo de jóvenes que venían de prestigiosas universidades como Stanford y Michigan. “Era un programa sin celular”, recuerda con una sonrisa que mezcla nostalgia y orgullo en partes iguales. En ese silencio, lejos de la pantalla y lejos de casa, lejos de todo lo familiar fue forjando su carácterLlegó a la Universidad de los Andes en 2020, justo cuando el covid paralizó al mundo y dejó a toda una generación mirando el techo de sus cuartos sin saber muy bien qué hacer con el tiempo ni con el futuro. Isabella vio en esa crisis oportunidades. Quería estudiar Derecho, pero eligió Administración de Empresas porque veía más proyección internacional, más puertas que se podían abrir desde ahí hacia el mundo que le interesaba construir.Isabella se mueve con solvencia en un mundo donde priman los hombres Foto:Archivo personal En paralelo hizo una opción en mandarín y otra en derecho. Fue monitora de varias clases, integró el consejo estudiantil y ayudó a construir uno de los eventos de innovación y emprendimiento más importantes de su casa matriz. Pero no era la estudiante que acumulaba logros para adornar el currículum, solo eran estaciones en el camino.Motivada por pandemia montó Summer Camp, un campamento virtual para niños que nació de lo que había aprendido en Maine. Fue su primer emprendimiento formal, aunque si somos completamente honestos, el espíritu emprendedor venía de mucho antes: en el colegio ya vendía takis mexicanos a sus compañeros con la misma habilidad que le sirve hoy para hablar con fondos de inversión multimillonarios en California.Luego consiguió por LinkedIn un puesto en Pluria, una empresa rumana de marketing digital, y después llegó el salto que cambiaría el rumbo de su historia: renunció para unirse al equipo fundador de Makers Fellowship, la comunidad de jóvenes emprendedores liderada por el colombiano Andrés Bilbao, cofundador de Rappi. Ahí conoció a personas que hoy son reconocidos emprendedores en Colombia y en Silicon Valley. El ecosistema comenzó a verla. Y lo que vio, le gustó.Luego se vinculó a Endeavor, una comunidad de apoyo a emprendedores y, estando allí, participó en varias ‘hackatones’ y quedó finalista. Un inversionista le vio el talento y le dijo que debería emprender. Ella no lo pensó demasiado. Pidió vacaciones, compró un tiquete a San Francisco y en ese viaje levantó su primera ronda de ángeles inversionistas: Felipe Salinas y Daniel Estrada, fundadores de Signa y Tax Flow. Un mes probando ideas, hablando con personas, construyendo en voz alta en la ciudad que más fundadores ha visto nacer en la historia reciente del capitalismo tecnológico. Cuando volvió a Bogotá, renunció a Endeavor. Sin drama, sin dudas largas, sin mirar demasiado hacia atrás. Sabía que estaba lista para emprender.Cómo nace ZolvoCon el conocimiento que adquirió impulsando emprendimientos, Isabella comenzó a pensar en el suyo. Esto quiere decir una oportunidad de negocio, algo que falte en el mercado, una solución para un problema al que nadie le ha parado bolas. Con método, con paciencia y con un oído entrenado para escuchar lo que la mayoría pasa por alto, Isabella habló con más de 120 personas: presidentes de Juan Valdés, Seguros Bolívar, Davivienda y Levapán, entre otros. Empresas distintas, sectores distintos, tamaños distintos, pero con un mismo problema: las conciliaciones al cierre de mes eran un caos permanente, los errores en el back office (el área administrativa y de soporte) se multiplicaban sin control aparente, los procesos financieros consumían tiempo y dinero.Escuchar cien veces la misma queja fue la señal. No la ignoró. Pero fue un cliente dedicado a exportaciones hacia Estados Unidos quien abrió el camino definitivo y marcó el giro de toda la historia: en una sola mala transacción había perdido un millón de dólares porque no pudo verificar que la empresa con la que operaba era legítima. Un millón de dólares evaporados por falta de información confiable. Ese relato reveló una grieta enorme y extraordinariamente costosa en el corazón mismo del sistema financiero estadounidense. Y en ese lugar, Isabella vio a Zolvo.Su emprendimiento trabaja con prestamistas comerciales en Estados Unidos, empresas que otorgan créditos a otras empresas para financiar sus operaciones cotidianas. En Colombia existe la factura electrónica, un sistema que da trazabilidad y regulación a cada transacción comercial. En Estados Unidos no existe nada equivalente a nivel federal. Eso crea un riesgo colosal y silencioso que muy pocos en el mundo del capital se atreven a nombrar con claridad: cualquier empresa puede presentar una facturación inflada para acceder a un préstamo y no hay forma eficiente, rápida ni confiable de detectarlo antes de que el daño ya esté hecho.Zolvo automatiza ese proceso de verificación usando inteligencia artificial, convirtiendo en minutos lo que hoy tarda días, y transformando en certeza lo que hasta ahora era una apuesta en la oscuridad. Ya están en conversaciones avanzadas con Triumph, la compañía más grande de factoring en Estados Unidos y con otros prestamistas que manejan billones de dólares en préstamos anuales. No es una start-up jugando en las ligas menores ni buscando un nicho pequeño. Es una empresa que encontró un problema enorme y urgente, y que tiene la tecnología y el equipo para resolverlo.Llegada a Y CombinatorLa mayoría de los fundadores tarda un promedio de 65 aplicaciones antes de ser seleccionada. Isabella entró en la primera. El filtro es brutal en su diseño y contundente en sus cifras: aplicación escrita, video explicativo, rondas de entrevistas cada vez más exigentes, y al final solo pasa el uno por ciento de las empresas que aplican. Se reciben cerca de 40.000 solicitudes. Estadísticamente, es más difícil que entrar a las universidades deHarvard o Stanford.Este año, Isabella es la única colombiana y la única mujer. Ha habido mujeres colombianas en Y Combinator antes, generalmente como parte de equipos mixtos, en roles distintos al de fundadora principal, pero Isabella es probablemente la primera en llegar sola al frente, con el título de CEO y seguramente la más joven.En los tiempos de la inclusión, no es un dato menor la presencia de Isabella, pues en la industria de la tecnología son muy pocas las mujeres que se han ganado un lugar preponderante, mucho menos una latinoamericana. Sigue toda la información de Economía en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. Compartir Guardar Ingrese o regístrese acá para guardar los artículos en su zona de usuario y leerlos cuando quiera Reportar Resumen Cerrar Este resumen fue construido con ayuda de IA. 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