El creciente auge de los alimentos enriquecidos con proteínas y las recomendaciones dietéticas que destacan este nutriente han impulsado su consumo en todo el mundo. Sin embargo, los expertos señalan que los problemas pueden aparecer cuando el consumo supera ampliamente los 1,2 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día.
Aumento de peso no deseado
El exceso de proteína que el cuerpo no utiliza se almacena como grasa, lo que puede llevar a un incremento de peso. Además, muchas fuentes proteicas animales vienen acompañadas de grasas saturadas y calorías extra.
Sobrecarga renal
Los riñones deben trabajar más para eliminar los subproductos del metabolismo de las proteínas, como la urea. A largo plazo, esto puede sobrecargar el sistema renal y aumentar el riesgo de cálculos renales o empeorar condiciones preexistentes.
Deshidratación y pérdida de calcio
Un alto consumo proteico incrementa la producción de orina, lo que puede llevar a deshidratación si no se compensa con suficiente agua. También se ha asociado con una mayor excreción de calcio, debilitando los huesos con el tiempo.
Problemas digestivos
Las dietas muy ricas en proteínas suelen ser bajas en fibra, lo que puede provocar estreñimiento, hinchazón y malestar gastrointestinal. El exceso de proteína también puede alterar la microbiota intestinal.
Mal aliento y otros efectos secundarios
El cuerpo al descomponer las proteínas produce amoníaco y otras sustancias que pueden causar halitosis. Además, algunas personas reportan fatiga, dolores de cabeza o cambios en el estado de ánimo asociados a dietas hiperproteicas extremas.
Los expertos recomiendan no superar los 1,2 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día para evitar estos riesgos. Una dieta equilibrada sigue siendo la clave para una buena salud.