Aristóteles, filósofo griego que vivió entre los años 384 y 322 a.C., desarrolló en 'Ética a Nicómaco' una reflexión profunda sobre la felicidad y la vida plena. El pensador planteó que la eudaimonía, entendida como felicidad, constituye el fin último de la existencia humana y que solo puede alcanzarse mediante la práctica constante de las virtudes.
Los cinco principios aristotélicos
- La felicidad es el fin último de todas las acciones humanas.
- Se alcanza mediante la virtud, entendida como un hábito o disposición del alma.
- La virtud se practica de forma constante, no es un acto aislado.
- El equilibrio (justo medio) entre extremos es clave para la vida virtuosa.
- La contemplación y la razón son las actividades más elevadas para lograr la plenitud.
La felicidad se alcanza mediante la virtud.
El filósofo afirmó que la felicidad se construye mediante hábitos y práctica constante, y que no depende de bienes externos o placeres momentáneos, sino de una vida guiada por la razón y la excelencia moral.