El presidente Donald Trump lleva meses obsesionado con las llamadas 'green cards', o tarjetas de residencia. Pero este fin de semana dejó claro que también lo desvelan las tarjetas rojas o 'red cards'. En este caso, la del delantero estadounidense Folarin Balogun, cuya expulsión en el partido contra Bosnia y Herzegovina desencadenó una inusual ofensiva de la Casa Blanca que terminó con la FIFA dando marcha atrás en una sanción que normalmente se aplica de manera automática y casi nunca se revoca.
La presión desde la Casa Blanca
Según fuentes cercanas a la negociación, la administración Trump movilizó a funcionarios de alto nivel, abogados especializados y contactos directos con la cúpula del fútbol mundial. El objetivo: lograr que la FIFA reconsiderara la expulsión de Balogun, una decisión que en condiciones normales es irreversible.
La llamada clave a Infantino
El punto de inflexión se produjo cuando el propio Donald Trump llamó personalmente a Gianni Infantino, presidente de la FIFA. Durante la conversación, Trump expuso la relevancia del jugador para la selección estadounidense y pidió una revisión del caso. La llamada, realizada desde la Casa Blanca, fue el detonante para que el organismo rector del fútbol mundial iniciara un procedimiento inédito.
Una decisión sin precedentes en la FIFA
La FIFA anunció el levantamiento de la suspensión a Balogun tras 'un análisis exhaustivo de las circunstancias del partido'. La decisión rompe con la tradición del organismo, que rara vez revoca sanciones disciplinarias una vez aplicadas. Expertos en derecho deportivo calificaron el hecho como 'histórico' y 'sin antecedentes en el fútbol moderno'.
Esto no es solo una victoria para Balogun, es una muestra de que cuando Estados Unidos se involucra, las cosas cambian. El fútbol también es política.