Una semana después del doble terremoto en Venezuela, la esperanza de encontrar sobrevivientes de manera “milagrosa” continúa. En la madrugada del martes, la misión de rescatistas de Jordania sacó de los escombros a un niño de tres años que había quedado tapiado en el edificio Los Corales de Caracas.
Según Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, hasta este martes se contabilizaron más de 800 edificios afectados en todo el país. De esos, 158 están ubicados en La Guaira cuando el balance oficial de muertos es de 1.943.
Las lluvias persistentes han complicado las labores de rescate y aumentado el riesgo de enfermedades, con cadáveres aún atrapados entre los escombros y un sistema de salud que opera al límite de su capacidad. Las autoridades advierten sobre posibles brotes de dengue, leptospirosis y otras patologías asociadas a la contaminación del agua y la acumulación de desechos.
Un rescate que renueva la esperanza
El hallazgo del menor de tres años en Caracas ha sido calificado como un milagro por los equipos de emergencia. El niño fue trasladado de urgencia a un hospital, donde recibe atención médica especializada. Su estado de salud es reservado, pero los médicos reportan signos vitales estables.
La amenaza sanitaria que se cierne
Organizaciones humanitarias internacionales han alertado sobre la crítica situación sanitaria en las zonas afectadas. La falta de agua potable, la interrupción de los servicios básicos y la imposibilidad de recuperar todos los cuerpos a tiempo elevan el riesgo de epidemias. El sistema de salud venezolano, ya debilitado por años de crisis, enfrenta ahora una presión adicional que podría colapsar.
Las autoridades han solicitado apoyo internacional para hacer frente a la emergencia, mientras equipos de rescate de varios países continúan trabajando en las áreas más devastadas. La prioridad inmediata es localizar posibles sobrevivientes y prevenir un desastre sanitario de mayores proporciones.