“No me gustaría jugar contra Colombia”, dijo Gary Lineker en su famoso pódcast desde Inglaterra. Después del liderato del grupo K y del partidazo que le hizo a Portugal (0-0), nadie quiere enfrentar a la tricolor. Todo es mérito de un equipo solvente, equilibrado, punzante y ambicioso que, sin proponérselo, es, felizmente, ‘indeseable’.
Una fortaleza colectiva que no depende de una sola estrella
Una de las fortalezas nacionales pasa por una deliberada decisión de no depender de un solo jugador para anotar. Marcaron ya Luis Díaz, pero también Campaz y por partida doble Daniel Muñoz, lateral derecho, lo cual habla de la efectividad de las llegadas masivas que hacen indetectable al finalizador. “Movilidad”, dicen los propios jugadores que es la clave. Y sí.
Pero además hay un trabajo en marca que incluye a los 11 y que habla bien del sacrificio, de la obligación que sienten todos de volver a sus posiciones y respaldar a los compañeros en la anticipación y en los balones aéreos de costado, que tantos dolores de cabeza dieron en el pasado.
El desafío de enfrentar a un viejo conocido: Carlos Queiroz
Esa ‘tormenta perfecta’ es lo que espera a Ghana, que se clasificó a fuerza de trabajo táctico defensivo y que amenaza por un detalle no menor: su entrenador, Carlos Queiroz, nos conoce como pocos. Poco margen de sorpresa tiene el equipo nacional, aunque vale decir que el talento, que por ahora no tiene vacuna, fue antes y será siempre la llave que abre todas las puertas para la tricolor en esta feliz Copa del Mundo.
Los tres planes de Lorenzo para lastimar a Ghana
Para Néstor Lorenzo, la planeación del duelo en Kansas City seguramente se parecerá a la del duelo contra Congo. No es Ghana un equipo de construcción, sino de transiciones rápidas y gran fortaleza en la pelota quieta, por lo que debe garantizar un mediocampo rápido y fuerte en los duelos y un ataque letal: no habrá muchas ocasiones, por lo cual hay que ser voraces. ¿Cómo lograrlo? Habría al menos tres escenarios posibles que pueden marcarse bien desde el pitazo inicial o durante el partido.
- Plan A: El 4-2-3-1 habitual, con los hombres que aseguraron la clasificación, con opciones como Quintero, Ríos y Córdoba (o Hernández) para refrescar sin alterar el plan. Para bloquear a Semenyo, la gran figura, ya se probó eficiencia contra Cristiano Ronaldo.
- Plan B: Se mantiene el esquema, pero con tres cambios: Machado por Mojica, Ríos por Puerta y Córdoba por Suárez. En los tres casos es cambiar agilidad por fibra y talla a la hora de los duelos en tres sectores distintos, una idea para no tener que esperar hasta el minuto 80, como contra Congo, para hacer daño.
- Plan C: Un 3-4-2-1, con Dávinson, Lucumí y Mojica atrás, adelantando a Muñoz para que se sume a Puerta, Lerma y Arias, con James, Díaz y Suárez en el frente de ataque, buscando más ‘jugones’ que multipliquen la creación.
No rebotar una y otra vez contra un muro es la misión. Hay como lograrlo.