Seguridad

El salto mortal del tatuco al dron: la nueva era de ataques con explosivos en Cauca y Valle

Las disidencias de las Farc en Cauca y Valle han pasado de usar tatucos a drones con explosivos. En 48 horas hubo 17 ataques en Jamundí. Analistas advierten que es una evolución tecnológica de bajo costo y alto impacto que desafía a la Fuerza Pública.

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Foto: La voz del país

Cada día, diferentes estructuras criminales pertenecientes a las disidencias de las Farc van puliendo sus capacidades para propinar golpes certeros a la Fuerza Pública y generar temor en diferentes poblaciones de Cauca y Valle. Tanto es así, que muy pocas personas pueden dormir cuando escuchan el zumbido característico de este tipo de dispositivos.

Tan solo la zona rural de Jamundí se ha convertido en ese ‘aula de clase’ o laboratorio de ejercicios de ataques en el que las disidencias han evidenciado una mayor precisión a la hora de causar afectaciones a las autoridades. En menos de 48 horas se han presentado más de 17 incursiones con drones, que se han convertido en la nueva apuesta tecnológica de estos grupos.

Del tatuco al dron: una evolución violenta

Atrás empiezan a quedar las épocas de los tatucos, que a finales de la década de los 90 e inicios del 2000, grupos insurgentes, presuntamente asesorados por explosivistas extranjeros, le habrían dado vida a esta práctica ilegal, en la que, a través de cilindros de gas adaptados con explosivos, se atacaba a la Fuerza Pública. Sin embargo, su construcción altamente artesanal e improvisada les generó imprecisiones de sus objetivos, por lo que sus golpes no eran certeros y terminaban afectando a la población civil, generando terror y un amplio espectro de destrucción y violencia.

Y aunque en el país se empezaron a tener mayores controles en el transporte de cilindros de gas, los ataques con drones marcan una nueva etapa de la criminalidad en el país. Los drones se han convertido en una amenaza compleja para la Fuerza Pública.

Una guerra de bajo costo y alto impacto

Para el analista en temas de seguridad, Stuart León, Jamundí y corregimientos como Potrerito y Robles son la evidencia más clara de cómo ‘la guerra irregular’ evolucionó tecnológicamente, lo que a su vez implica que los grupos armados ilegales “entendieron que podían golpear a la Fuerza Pública con herramientas de bajo costo y alto impacto”.

Entendieron que podían golpear a la Fuerza Pública con herramientas de bajo costo y alto impacto

La voz del país

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