Los diálogos con las bandas criminales Los Pepes y Los Costeños en Barranquilla atraviesan un momento crítico, marcado por un avance lento y la ausencia de resultados estructurales que garanticen una paz urbana sostenible, según expertos en seguridad y estudios sociales.
El investigador Alejandro Blanco Zúñiga, de la Universidad Libre, señala que aunque existen espacios abiertos para el diálogo, la hoja de ruta oficial aún está en construcción y llena de indefiniciones, lo que limita el impacto real del proceso.
El principal obstáculo para avanzar es la falta de respaldo de la Alcaldía de Barranquilla, encabezada por Alejandro Char, quien se ha mostrado opuesto a la estrategia del Gobierno Nacional, generando un ambiente de alta politización que afecta el proceso.
Estancamiento y bloqueo político en las negociaciones
Luis Trejos, experto en seguridad de la Universidad del Norte, coincide en que las negociaciones están estancadas, debido a exigencias de los cabecillas de las bandas que aún no han sido cumplidas, como traslados a cárceles locales y reconocimiento formal como gestores de paz.
Además, advierte que la proximidad del final del actual Gobierno nacional puede influir negativamente en la formalización de la mesa de diálogo, generando suspicacias sobre posibles intereses electorales.
Trejos también alerta sobre la complejidad del panorama criminal en el Atlántico, donde 11 organizaciones disputan el control territorial, mientras que solo dos bandas están involucradas en las negociaciones, lo que podría incrementar la violencia en la región.
La tregua temporal entre octubre de 2025 y enero de 2026 provocó fragmentación en el ecosistema criminal, con la aparición de disidentes y nuevos grupos violentos, además de un desplazamiento de la violencia a municipios previamente afectados.
Respuesta del Gobierno: hoja de ruta integral y trabajo comunitario
Desde el equipo gubernamental, David Luquetta, coordinador metodológico de la hoja de ruta, defiende el proceso como una estrategia integral que va más allá de la negociación directa, incluyendo la articulación institucional, la intervención social y el seguimiento continuo.
- Acupuntura social
- Pedagogía para la paz
- Cultura ciudadana
- Apoyo psicosocial comunitario
- Sistemas de seguimiento
- Mesas de mediación territorial
- Componente de sometimiento a la justicia
Luquetta subraya que la hoja de ruta es un documento orgánico que puede adaptarse a las condiciones cambiantes del territorio y reconoce las resistencias políticas, por lo que se ha enfocado en fortalecer los procesos sociales con las bases comunitarias.
Aunque las conversaciones con los cabecillas criminales están en pausa, el Gobierno insiste en mantener abiertos los canales de diálogo y en que el proceso debe evaluarse como un esfuerzo a largo plazo, más allá del ciclo político actual.
“Las conversaciones están más o menos quietas, pero nunca se ha dejado de hablar con los cabecillas. La idea es que abracemos la hoja de ruta más allá del proceso, que pueda mantenerse en el tiempo a pesar de las condiciones políticas”, afirma David Luquetta.
En conclusión, la paz urbana en Barranquilla permanece en una zona gris, con canales de diálogo abiertos pero sin acuerdos formales, y con un proceso que enfrenta tensiones políticas y desafíos estructurales que dificultan la consolidación de una paz sostenible.