El 1 de mayo, la relación diplomática entre La Habana y Washington escaló a un nuevo nivel de confrontación. El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, respondió con dureza al paquete de medidas coercitivas implementadas por el gobierno de Donald Trump.
Estas restricciones apuntan a sectores estratégicos como la minería y la energía, buscando asfixiar financieramente a Cuba mediante el bloqueo de activos y la prohibición a bancos internacionales de operar con entidades gubernamentales cubanas.
Miguel Díaz-Canel calificó la política estadounidense como un 'bloqueo genocida' y afirmó que estas acciones refuerzan un cerco histórico contra Cuba.
El anuncio de las sanciones se produce en un contexto de creciente tensión diplomática entre ambos países, con repercusiones significativas para la economía y la estabilidad social de la isla.
Mientras tanto, en Estados Unidos, el presidente Donald Trump también ordenó la retirada de 5.000 soldados de Alemania, en un movimiento que refleja cambios en la política exterior estadounidense.