La promesa de paz que choca con la realidad
Cuando Donald Trump regresó a la Casa Blanca en enero de 2025, lo hizo con una de las promesas más repetidas de su campaña: Estados Unidos dejaría atrás las llamadas 'guerras eternas' que durante más de dos décadas consumieron billones de dólares, miles de vidas estadounidenses y buena parte del capital político del país en conflictos lejanos.
Un presidente de paz con mano dura
El catalogado 'presidente de la paz' rechaza las grandes invasiones, aunque recurre cada vez más a bombardeos, drones y operaciones especiales. Desde que volvió a instalarse en la Oficina Oval, Trump ha ordenado operaciones militares en siete países.
- Ataques con drones en Somalia y Yemen contra células terroristas.
- Bombardeos selectivos en Irak y Siria contra milicias respaldadas por Irán.
- Operaciones encubiertas en Pakistán y Afganistán, pese a la retirada formal.
- Presencia militar incrementada en el Cuerno de África, con base en Yibuti.
¿Nueva doctrina o vieja estrategia con otro nombre?
Analistas internacionales debaten si estas acciones configuran una nueva doctrina militar. Mientras algunos sostienen que se trata de una estrategia de 'guerra quirúrgica' que evita el desgaste de ocupaciones prolongadas, otros advierten que es la misma política intervencionista de siempre, solo que con menos reflectores.
Trump no ha terminado con las guerras eternas; las ha transformado en guerras invisibles, donde los drones y las fuerzas especiales actúan sin debate público ni control del Congreso.
El octavo país en la mira
Según fuentes del Pentágono citadas por el análisis, la administración evalúa actualmente una octava operación militar, presuntamente en el norte de África. Aunque no se han dado detalles oficiales, el hecho enciende las alarmas sobre el alcance real de la promesa de paz.
El impacto en la comunidad internacional
La comunidad internacional observa con preocupación esta escalada silenciosa. Mientras Trump insiste en que su enfoque es 'proteger los intereses de EE. UU. sin dejar soldados en el terreno', críticos señalan que los bombardeos generan inestabilidad y víctimas civiles, alimentando nuevos ciclos de violencia.
El debate está abierto: ¿estamos ante un presidente que cumple su promesa de evitar guerras largas, o ante un líder que ha encontrado la forma de hacer la guerra sin llamarla guerra?