Medio ambiente

Donde vuelan las mariposas, resiste el mar: la lucha sostenible de las comunidades pesqueras en Costa Rica

Las comunidades pesqueras del Golfo de Nicoya en Costa Rica impulsan una vida sostenible mediante proyectos comunitarios liderados por mujeres, que combinan conservación marina, turismo responsable y alternativas productivas para enfrentar la sobrepesca y el impacto ambiental.

Publicado

Foto: La voz del país

En el Golfo de Nicoya, Costa Rica, la vida costera cobra un ritmo particular al caer la tarde. En Costa de Pájaros, la casa de Ester Ledezma se ha convertido en un refugio para viajeros y un centro de iniciativas sostenibles, con un mariposario dedicado a la Morfo azul, símbolo nacional y motor de su proyecto Mariposas del Golfo.

Esta organización comunitaria, con más de 26 años de trayectoria, busca fortalecer la autonomía económica de las mujeres y promover la conservación de los recursos marino-costeros. Frente a la pesca ilegal y las prácticas insostenibles heredadas, han apostado por alternativas productivas que incluyen viveros de manglar, turismo rural y pesca responsable.

Una zona de pesca responsable para preservar el ecosistema

En 2009, la comunidad impulsó la creación de Áreas Marinas de Pesca Responsable (AMPR), espacios protegidos que limitan la pesca para permitir la recuperación de ecosistemas como manglares, vitales para la captura de carbono y la biodiversidad. El Estado costarricense apoya con subsidios a pescadores registrados durante las vedas, buscando equilibrar la conservación con la economía local.

Sin embargo, la vigilancia estatal es insuficiente, lo que ha permitido que prácticas ilegales, como la pesca con redes de encerrona que capturan grandes cantidades de peces en poco tiempo, sigan amenazando la sostenibilidad del Golfo.

El impacto del cambio climático y la resistencia comunitaria

Las mujeres dedicadas a la extracción de moluscos, como la piangua, enfrentan el deterioro de los manglares debido al aumento de la temperatura del agua, lo que reduce la disponibilidad de estos recursos. A pesar de la presencia de instituciones y ONG, el intercambio de información con las comunidades es limitado.

Ante esta realidad, las mujeres han creado viveros de mangle, cuidan el ecosistema limpiando residuos plásticos y redes abandonadas, y promueven el turismo rural comunitario que conecta a visitantes con la lucha por conservar el Golfo de Nicoya.

“Trabajamos para devolverle algo de lo que nos ha dado y creemos que el turismo es una gran fuente para todos. Queremos un turismo que sepa que va a venir a ver nuestra lucha, pero también a ver y vivir la vida”, afirma Ester Ledezma.

El financiamiento para estos proyectos proviene de diversas fuentes nacionales e internacionales, pero la carga administrativa recae sobre las propias comunidades, quienes deben gestionar propuestas y presupuestos para acceder a los recursos.

La gobernanza del Golfo de Nicoya trasciende lo local, integrándose a redes regionales como el Corredor Marino del Pacífico Este Tropical, que conecta Costa Rica con otros países para proteger la biodiversidad marina.

Así, entre mariposas y manglares, las comunidades pesqueras del Golfo continúan su apuesta por una vida sostenible, enfrentando retos ambientales y sociales con resiliencia y compromiso.

La voz del país

Somos un medio de comunicación colombiano comprometido con informar de manera oportuna, responsable y transparente sobre los acontecimientos que marcan la realidad del país y del mundo.