Un operativo sin precedentes en el hotel Hilton de Washington evitó un ataque durante la cena anual de corresponsales de la Casa Blanca. El sospechoso, Cole Allen, de 31 años y originario de California, fue detenido tras un tiroteo en el lugar.
El presidente Donald Trump adelantó detalles de la investigación asegurando que Allen actuó motivado por un “odio profundo” hacia los cristianos, basado en un manifiesto que el sospechoso habría escrito y que las autoridades encontraron.
“Al leer su manifiesto, te das cuenta de que odia a los cristianos. Eso es seguro. Es un odio fuerte, anticristiano.”
El manifiesto, según publicó The New York Post, también contenía críticas directas y duras hacia Trump, describiéndolo como un “pedófilo, violador y traidor”, y enumeraba supuestas víctimas de decisiones de su administración.
Las autoridades están investigando los dispositivos electrónicos de Allen, quien trabajaba como informático y programador de videojuegos amateur, para esclarecer sus intenciones y motivaciones detrás del ataque.
Para llegar a Washington, Allen viajó en tren y autobús desde Los Ángeles, un hecho que recuerda al atentado contra Ronald Reagan en 1981, cuyo autor también era californiano y viajó en autobús.
El fiscal general interino Todd Blanche señaló que el objetivo del ataque probablemente no era solo Trump, sino también otros miembros de la Administración, y pidió paciencia para obtener conclusiones sólidas.
La rápida evacuación de los altos funcionarios, incluyendo al presidente, la primera dama y miembros del gabinete, fue posible gracias a la efectiva acción del Servicio Secreto, aunque se cuestiona cómo un hombre armado pudo acercarse tanto.
“El sospechoso buscaba asesinar al presidente y al mayor número posible de altos funcionarios de la Administración.” – Karoline Leavitt, portavoz de la Casa Blanca
Este incidente ha reavivado los temores sobre la violencia política en Estados Unidos y ha puesto nuevamente bajo la lupa las medidas de seguridad en eventos presidenciales.