Anthropic rechaza el uso militar sin límites y enfrenta sanciones del gobierno
En enero de 2026, el Secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, ordenó que los contratos con empresas de inteligencia artificial (IA) permitieran un uso sin restricciones de sus tecnologías. Esto llevó a un choque público entre Anthropic y el Departamento de Guerra, cuando la compañía se negó a permitir que su modelo Claude se usara para vigilancia masiva o armas autónomas. La negativa provocó que el gobierno estadounidense declarara a Anthropic una “empresa de riesgo” para la seguridad nacional y prohibiera su uso en agencias federales y contratistas militares.
Las grandes tecnológicas flexibilizan sus principios éticos para acceder a contratos militares
En el último año, varias compañías como Google, OpenAI, xAI y Meta han modificado o eliminado sus restricciones éticas previas para asegurar contratos con el Pentágono. Google retiró en 2025 sus prohibiciones sobre aplicaciones militares, OpenAI levantó su veto general a usos bélicos y xAI firmó acuerdos que permiten el uso de su IA en defensa sin límites. Estas decisiones reflejan la creciente presión geopolítica y la competencia global que impulsan la militarización de la IA.
Los riesgos de la IA en el ámbito militar pueden tener consecuencias irreversibles
Los sistemas de IA generativa enfrentan problemas técnicos como las “alucinaciones”, que pueden provocar errores graves en la identificación de objetivos militares. En un contexto de conflictos, estos fallos podrían desencadenar escaladas violentas o incluso guerras nucleares, especialmente en zonas de alta tensión como Oriente Medio. La falta de regulación y supervisión democrática agrava estos riesgos.
¿Cómo influirá este conflicto en la gobernanza democrática de la inteligencia artificial?
El enfrentamiento entre Anthropic y el Pentágono plantea un dilema sobre quién controla los límites éticos en el uso militar de la IA. La ausencia de leyes claras y la presión económica llevan a que las empresas flexibilicen sus compromisos de seguridad, mientras el Estado busca usar tecnologías sin restricciones. Esta dinámica amenaza la autonomía moral corporativa y la integridad del lenguaje ético en el sector.
Frente a este panorama, expertos proponen que los ciudadanos impulsen un boicot consciente a la IA generativa de estas grandes corporaciones, pues su uso masivo fortalece modelos tecnológicos alineados con la lógica militar y sin contrapesos éticos. Aunque el impacto económico de un boicot generalizado sería limitado, podría afectar la rentabilidad de las empresas y presionar por cambios.
“Cada uso, cada suscripción, alimenta un modelo tecnológico que consolida el poder militar y corporativo sobre nuestras vidas. ¿Seguiremos siendo cómplices con nuestro silencio?” — Ramon López de Mántaras Badia, investigador en inteligencia artificial.