En la vereda Sinaí, Argelia (Cauca), un grupo de 15 agentes de la Dirección Antinarcóticos comunicó a los líderes comunales el regreso de la aspersión con glifosato, una medida suspendida desde 2015. Esta vez, el Gobierno planeaba utilizar drones para aplicar el herbicida de manera localizada, en un intento por controlar los crecientes cultivos ilícitos en la zona, uno de los mayores productores de cocaína del país.
A pesar de la explicación técnica sobre protocolos ambientales y seguridad, las dudas y preocupaciones de la comunidad permanecieron. Productores de coca, que dependen económicamente de este cultivo para sostener a más de 7.000 familias, cuestionan el impacto en sus cultivos de pancoger y la falta de garantías frente a posibles daños.
Desde el anuncio del plan piloto, en enero de 2026, la comunidad comenzó a organizarse rápidamente, conformando un comité de protesta que ha bloqueado los caminos y establecido turnos de vigilancia para impedir la aspersión. En dos intentos realizados en febrero, la fuerza pública no pudo avanzar debido a la resistencia activa de campesinos y líderes locales.
El Programa de Erradicación de Cultivos Ilícitos mediante Aspersión Terrestre (PECAT) busca erradicar 94.391 hectáreas de coca en todo el país para 2026, con Cauca como zona prioritaria. Sin embargo, la iniciativa está actualmente en pausa indefinida, tras la oposición comunitaria y la falta de un diálogo efectivo con las poblaciones afectadas.
La reactivación del glifosato responde también a presiones internacionales, especialmente de Estados Unidos, en el marco de la crisis diplomática con el gobierno colombiano y la disputa por las cifras de producción de cocaína. El presidente Gustavo Petro, quien se había opuesto al herbicida, ahora enfrenta tensiones internas por este cambio de política.
El ministro de Defensa ha señalado que la aspersión será complementaria a la erradicación manual y que debe coordinarse con las comunidades a través de la Dirección de Sustitución de Cultivos. Sin embargo, en Argelia, la percepción es que las decisiones se toman lejos de las realidades locales, profundizando la desconfianza y el rechazo.
“Nadie ha venido a explicarnos qué va a pasar con nuestros ingresos ni quién responderá por las afectaciones a nuestros cultivos. La coca es la base de nuestra economía y no aceptaremos que nos impongan decisiones sin diálogo.”
La resistencia en Cauca refleja la compleja relación entre las políticas antidrogas del Estado, las dinámicas sociales y económicas en territorios cocaleros, y las presiones internacionales que influyen en las estrategias gubernamentales. Por ahora, el plan piloto de aspersión con glifosato permanece suspendido, mientras la comunidad mantiene firme su organización y vigilancia.