A comienzos de marzo de 2026, el expresidente estadounidense Donald Trump convocó en Miami una cumbre que dio origen a la iniciativa ‘Escudo de las Américas’, una coalición regional enfocada en combatir el narcotráfico, el crimen organizado transnacional y otras amenazas consideradas desestabilizadoras para el hemisferio.
La reunión estuvo marcada por la participación selectiva de gobiernos ideológicamente alineados con la agenda de seguridad de Washington, incluyendo a líderes como Javier Milei de Argentina, Nayib Bukele de El Salvador, Daniel Noboa de Ecuador y Santiago Peña de Paraguay, además de representantes del Caribe y Centroamérica.
La ausencia de tres potencias regionales —México, Brasil y Colombia— fue un elemento destacado, generando preguntas sobre el alcance y la representatividad de esta nueva coalición.
Un enfoque amplio más allá del narcotráfico
Aunque el combate a los carteles fue el eje central de la cumbre, la agenda también abordó temas como la migración irregular hacia Estados Unidos y el tráfico de personas. Además, se enfatizó la necesidad de coordinar políticas para responder al creciente peso económico y tecnológico de China en la región.
Este enfoque refleja no solo una estrategia de seguridad sino también la creciente competencia geopolítica entre Estados Unidos y China en América Latina.
Más que una cumbre hemisférica incluyente, el encuentro fue un foro de gobiernos alineados con Washington, cuyo único objetivo era reestructurar la arquitectura de seguridad en el hemisferio.
Para Colombia, la exclusión de esta coalición plantea interrogantes sobre su papel en la lucha antidrogas y la cooperación regional en seguridad, en medio de un escenario hemisférico en transformación.