El mercado de productos capilares infantiles en Colombia crece cerca del 9% anual, impulsado por la demanda de soluciones específicas para problemas comunes como la caída del cabello causada por jalones durante el desenredado o peinados muy ajustados, que pueden dañar la fibra capilar y afectar la percepción que los niños tienen de su cuidado personal.
“La conexión entre el cuero cabelludo y la autoestima es profunda, pues el cabello es una de las primeras formas de identidad visible para un menor. Un niño o niña que sufre de enredos constantes o irritaciones suele mostrarse más retraído en entornos escolares. Por el contrario, cuando el pelo es manejable y sano, se reduce el estrés en la rutina de baño y peinado y se fortalece la confianza del menor al relacionarse con los demás”, afirma Angélica Quintero, cofundadora de La Poción.
El cuidado capilar desde edades tempranas debe ser un hábito simple y constante, utilizando productos formulados para el pH infantil, así como acondicionadores y desenredantes que faciliten el cepillado sin dañar el cabello. Evitar prácticas como el desenredado en seco o el uso de productos para adultos es fundamental para preservar la salud capilar y la experiencia positiva de cuidado personal.
La industria capilar se orienta hacia rutinas más suaves que eviten peinados tirantes y el uso frecuente de herramientas de calor, promoviendo hábitos de higiene vinculados al bienestar y no a una obligación rígida.
Iniciativas como el Proyecto para la Autoestima de Dove trabajan desde hace más de 15 años para que la belleza sea una fuente de confianza y no de ansiedad, llegando a más de 60 millones de participantes en 142 países. Su objetivo es promover una relación saludable con la imagen corporal en niños y jóvenes, ampliando su impacto a 225 millones hacia 2030.
Un concepto clave es el 'body talk', que se refiere a los comentarios sobre la apariencia que refuerzan estándares sociales de belleza, presentes especialmente en el hogar. Estos mensajes pueden influir en cómo los niños valoran su cuerpo y autoestima, asociando su valor personal con la imagen física.
Quintero concluye que transformar el momento del peinado en un espacio tranquilo puede fortalecer la relación de los niños con el autocuidado, promoviendo una autoestima sólida y una percepción positiva de su imagen a lo largo del tiempo.