En marzo de 2026, durante el 69.º período de sesiones de la Comisión de Estupefacientes (CND) en Viena, la ONU creó un panel de expertos para acompañar la revisión global de la política de drogas prevista para 2029. Esta iniciativa responde en parte a solicitudes formuladas por Colombia en los últimos años, y representa un reconocimiento tácito de que el sistema internacional necesita asistencia técnica para evaluar su trayectoria en materia de drogas.
Un operativo sin precedentes con limitaciones evidentes
Aunque la creación del panel es un paso relevante, no debe confundirse con una reforma profunda. El sistema internacional continúa sin definir con claridad qué objetivos persigue, cómo medirlos y qué costos está dispuesto a asumir. Sin responder estas preguntas, el panel corre el riesgo de generar recomendaciones que administren un fracaso acumulado en lugar de superarlo.
El impacto en la comunidad y la historia de la política internacional antidrogas
Desde la Sesión Especial de la Asamblea General de la ONU en 1998 (UNGASS), la política global ha seguido una lógica repetitiva: establecer metas ambiciosas, no cumplirlas, reafirmar el marco y postergar los plazos. Por ejemplo, la meta de eliminar o reducir considerablemente el cultivo ilícito de coca, cannabis y adormidera para 2008 no se alcanzó. A pesar de ello, la Comisión reafirmó la eficacia del prohibicionismo sin revisar críticamente sus resultados.
- En 2009 se reafirmaron políticas existentes con la esperanza de mejores resultados en 2019 y ahora en 2029.
- Las discusiones siguen centradas en la prohibición, erradicación y control penal, a pesar del reconocimiento creciente del fracaso de la ‘mano dura’.
- No se ha replanteado el problema desde sus fundamentos ni se han jerarquizado objetivos claros.
El régimen internacional no ha definido si su objetivo es reducir la adicción, disminuir la violencia, proteger derechos humanos, garantizar acceso a medicamentos o promover desarrollo alternativo, entre otros fines legítimos pero disímiles. Intentar perseguirlos todos sin jerarquía ni indicadores claros conduce a evaluaciones ambiguas y a la perpetuación del statu quo.
Limitaciones del panel: composición y mandato
El panel, aunque multidisciplinario, presenta un sesgo hacia expertos en salud y fiscalización, con poca representación de especialistas en economía política, mercados ilícitos, desarrollo rural, violencia criminal o historia comparada. Esto restringe la comprensión integral del fenómeno, que incluye incentivos económicos, estructuras ilegales, desigualdad y gobernanza.
Además, su mandato es contribuir a las metas de 2029 mediante recomendaciones, pero no revisar críticamente el marco que ha guiado la política internacional durante décadas. Así, su margen para innovar o cuestionar el régimen prohibicionista es limitado.
El desafío central: definir metas claras y medir resultados
No se puede evaluar rigurosamente una política sin definir operacionalmente qué constituye el éxito. El discurso internacional menciona bienestar, salud, seguridad, desarrollo y derechos humanos, pero no especifica qué indicadores son decisivos. Sin ello, no es posible determinar qué instrumentos son adecuados ni qué costos son aceptables.
El panel debe responder preguntas clave: ¿Cuál es la meta primaria para 2029? ¿Cómo medirla con indicadores comparables y auditables? ¿Qué parte del daño global proviene del consumo problemático y qué parte de la ilegalidad generada por la prohibición? ¿Qué combinación de políticas produce mejores resultados?
El problema de las drogas tiene al menos tres dimensiones: producción, mercadeo y uso, cada una con causas y dinámicas propias. Sin una discusión que articule estas dimensiones, el panel podría limitarse a tratar síntomas sin abordar las causas estructurales.
El riesgo de perpetuar un régimen insostenible
Si el panel analiza solo los daños del consumo y no los costos sociales masivos de la prohibición —como violencia, corrupción, encarcelamiento masivo y destrucción institucional—, su diagnóstico será incompleto y sesgado. Esto podría legitimar la continuidad de un régimen que no ha enfrentado sus contradicciones internas.
“El mayor peligro del panel es que, bajo metas nobles y referencias a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, termine justificando la continuidad de un régimen que no se ha tomado en serio sus propias contradicciones.”
Para ser útil, el panel debe abandonar el lenguaje diplomático tradicional y abordar con precisión la causalidad compleja y la evaluación integral de costos. Solo así podrá contribuir a una política internacional sobre drogas más efectiva y justa.