Israel ha anunciado la muerte de Ali Lariyaní, secretario del Consejo de Seguridad Nacional de Irán y una figura clave del régimen, en el marco de una ofensiva militar que busca debilitar a Teherán tras semanas de bombardeos intensos. Este ataque es considerado el intento de magnicidio más significativo desde el asesinato del líder supremo Ali Jameneí a finales de febrero.
Aunque Teherán mantiene silencio sobre el estado de Lariyaní, la agencia semioficial Tasnim difundió una nota manuscrita atribuida a él, posiblemente escrita antes del ataque. La última aparición pública de Lariyaní fue en las marchas del Día de Jerusalén, donde hizo un llamado a la unidad de los países musulmanes frente a la agresión de Estados Unidos e Israel.
Además de Lariyaní, Israel ha confirmado la muerte de Gholamreza Soleimani, jefe de la fuerza paramilitar Basij, conocida por su papel en la represión de protestas internas. Este ataque busca enviar un mensaje a la población iraní para que supere el miedo a la represión y tome las calles, aunque las autoridades iraníes advierten que considerarían a los manifestantes como agentes enemigos en tiempos de guerra.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha expresado frustración por la falta de manifestaciones masivas en Irán que permitan un cambio de régimen inmediato, pero insiste en que la campaña militar tiene como objetivo brindar al pueblo iraní la oportunidad de decidir su destino. Netanyahu ha difundido imágenes y videos para mostrar su liderazgo en las operaciones y presumir de los éxitos militares contra altos mandos iraníes.
“Estamos debilitando este régimen con la esperanza de brindar al pueblo iraní la oportunidad de derrocarlo. No sucederá de la noche a la mañana, ni será fácil. Pero si perseveramos, les daremos la oportunidad de tomar las riendas de su propio destino.”
Expertos señalan que el régimen iraní es un sistema complejo, apoyado por millones, y que los asesinatos selectivos no serán suficientes para derribarlo. El Ministerio de Defensa israelí asegura que continúan los ataques para destruir la capacidad militar y estratégica de Irán, mientras las hostilidades se extienden a otros países de la región, incluyendo ataques contra la embajada estadounidense en Bagdad y bombardeos en Emiratos Árabes Unidos y Qatar.
Por su parte, Teherán ha rechazado las propuestas de negociación y mantiene una postura firme de venganza contra Estados Unidos e Israel, considerando que no es el momento para la paz y exigiendo la rendición y compensación por parte de sus enemigos.
La escalada del conflicto continúa sin señales claras de desescalada, con ambos bandos reforzando sus posiciones en una guerra que afecta a la estabilidad regional y global.