La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán está generando un impacto global en los mercados energéticos, afectando especialmente a las economías occidentales. Sin embargo, China ha logrado mantener una relativa estabilidad ante el alza de los precios del combustible que afecta a Washington y Europa.
Pekín anticipó una posible crisis energética y, durante los primeros dos meses del año, incrementó sus importaciones de petróleo en un 16 % con el objetivo de aumentar sus reservas. Actualmente, sus depósitos estratégicos y comerciales contienen entre 1.300 y 1.400 millones de barriles, suficientes para cubrir aproximadamente cuatro meses de importaciones.
No obstante, la dependencia del crudo proveniente del Golfo Pérsico expone a China a presiones inflacionarias y a un mayor riesgo de tensiones diplomáticas con Estados Unidos, especialmente ante la posibilidad de un bloqueo prolongado del estrecho de Ormuz, una vía crucial para el transporte petrolero mundial.
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán golpea también a China en varios frentes.