Mientras en San José del Guaviare la vida transcurre con relativa normalidad, a más de 130 kilómetros de distancia, decenas de familias permanecen confinadas en medio de una guerra que dejó 48 muertos y cuyos detalles aún son difíciles de reconstruir. El aislamiento geográfico de Barranco Colorado, una zona selvática cercana a Caño Jabón o Puerto Alvira, ayuda a explicar por qué incluso habitantes de poblaciones vecinas siguen sin conocer con precisión lo ocurrido.
Líderes sociales y autoridades describen cómo el aislamiento, la escasa presencia estatal y el control armado dificultan la protección del territorio. La zona, donde operan disidentes liderados por alias 'Iván Mordisco' y 'Calarcá', ha sido escenario de enfrentamientos que dejan un saldo de 48 disidentes asesinados, según reportes oficiales, aunque la falta de acceso y la desinformación generan dudas sobre la veracidad de las cifras.
No hay resultados. La guerra sigue, y las comunidades siguen confinadas sin que el Estado pueda llegar hasta allá.
El Ministerio de Defensa reportó que instalaron explosivos en cuerpos de disidentes muertos en Guaviare para detonarlos durante el traslado, una táctica que evidencia la crudeza del conflicto. Sin embargo, la falta de información verificada y el control armado de la zona mantienen en vilo a las comunidades, que temen represalias y no pueden acceder a servicios básicos.
La guerra oculta en la selva del Guaviare sigue siendo un capítulo sombrío de la violencia en Colombia, donde el mapa de la zona de combate es un secreto que pocos se atreven a revelar.