Cultura

El último artesano del tiempo: la muerte de Omar Javier Guerra y el futuro de los relojes monumentales de Bogotá

Omar Javier Guerra dedicó su vida a mantener los 28 relojes monumentales de Bogotá. Su muerte deja un vacío y una preocupación: ¿quién continuará este legado?

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Foto: La voz del país

Mucho antes de que los teléfonos anunciaran la hora con un vistazo a la pantalla, Bogotá aprendió a medir el tiempo al ritmo de sus relojes monumentales. Desde que fueron instaladas, estas estructuras han acompañado el despertar de la ciudad, marcando no solo los minutos y las horas, sino también el paso de generaciones enteras.

Han visto cambiar el paisaje urbano, crecer avenidas, levantarse edificios y transformarse barrios. Mientras el ruido de la capital se ha reinventado una y otra vez, sus manecillas han permanecido como testigos silenciosos de la historia, recordando que el tiempo también forma parte del patrimonio de Bogotá.

Un patrimonio que pasa inadvertido

De acuerdo con el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC), Bogotá cuenta con 28 relojes monumentales instalados en inmuebles y espacios de valor histórico. Sin embargo, para la mayoría de los bogotanos, estos mecanismos suelen pasar inadvertidos. Algunos levantan la mirada durante unos segundos hacia los relojes que coronan iglesias, plazas y edificios emblemáticos; otros continúan su camino. En medio del afán cotidiano, pocos se preguntan quién mantiene en funcionamiento esas enormes máquinas que, desde hace décadas, siguen marcando no solo las horas, sino también el paso de la historia de la ciudad.

Las manos detrás de las manecillas

Detrás de cada campanada, de cada engranaje que sigue en movimiento y de cada restauración que ha permitido conservar estos relojes monumentales, hay manos expertas que han dedicado su vida a devolverles el tiempo. Entre ellas sobresalen los nombres de los maestros Juan Zamora, Jacques Roland, la familia Calvo y Omar Javier Guerra, artesanos que hicieron de esto un oficio tan silencioso como indispensable para la memoria de la ciudad.

Conservar un reloj también era una forma de preservar el tiempo y la historia de la ciudad.

Uno de ellos fue Omar Javier Guerra, quien falleció el 1.º de julio de 2026. Con dedicación, paciencia y respeto por su oficio, dedicó gran parte de su vida a mantener en marcha los relojes monumentales de Bogotá. Su muerte deja un vacío y enciende las alarmas sobre el futuro de este conocimiento ancestral.

Un legado en riesgo

La partida de Guerra ha puesto en evidencia la fragilidad de este oficio. Los maestros relojeros que aún quedan en la ciudad expresan su preocupación por el desafío de preservar un saber que ha sobrevivido por generaciones, pero que ahora enfrenta la falta de relevo generacional y el escaso reconocimiento público.

La voz del país

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