Pipe Tuluá y La Inmaculada mantienen alianzas con grupos criminales
La banda armada La Inmaculada, que opera en Tuluá bajo el liderazgo de alias Pipe Tuluá, continúa fortaleciendo sus vínculos con grupos como Los Rastrojos, el Ejército Gaitanista de Colombia y disidentes del frente Jaime Martínez de las Farc. Esta 'Gran Alianza' busca recuperar bienes de testaferros y mantener el control territorial en el Valle del Cauca. La banda mantiene su influencia a pesar de la extradición pendiente de su cabecilla.
Más de 300 menores son reclutados para sicariato y microtráfico
Según fuentes policiales, La Inmaculada ha reclutado a más de 300 menores de edad, en su mayoría provenientes de familias vulnerables de barrios como Brisas del Valle y San Francisco. Estos jóvenes son inicialmente introducidos al microtráfico y consumo de drogas, y posteriormente entrenados en el manejo de armas de fuego en zonas rurales. Los pagos por tareas oscilan entre 3 y 20 millones de pesos, dependiendo del nivel de responsabilidad.
Uno de los casos más emblemáticos es el de 'Chinga Miguel', un joven de 17 años vinculado a varios homicidios, entre ellos el del concejal Eliécid Ávila y la lideresa Claribet Ocampo. Este sicario juvenil se fugó en dos ocasiones de un centro para menores infractores, lo que evidencia la dificultad para controlar la influencia de la banda.
Manipulación de menores a través de drogas y videojuegos violentos
La banda utiliza estrategias de manipulación para atraer a los menores, entre ellas el consumo inducido de sustancias como la cocaína rosa (2CB) y el uso de videojuegos violentos que simulan asesinatos. Bajo la dirección de los hermanos Marín Silva, La Inmaculada convierte a estos jóvenes en adictos y sicarios, entrenándolos para el uso de armas de corto y largo alcance en campos alejados.
La Gran Alianza extiende su influencia hacia Cali y el Valle del Cauca
En Cali, la Gran Alianza también utiliza menores para cometer delitos como sicariato, porte ilegal de armas y microtráfico, especialmente en sectores vulnerables como Alto Jordán y Petecuy. El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) reporta que uno de cada cinco adolescentes reincide en delitos, evidenciando la crisis social y de seguridad en la región.
Entre 500 y 800 adolescentes ingresan anualmente al sistema judicial en Valle del Cauca, muchos de ellos vinculados a bandas como La Inmaculada. Casos recientes incluyen asesinatos brutales y ajustes de cuentas relacionados con el narcotráfico y extorsiones.
¿Cómo impactará la estrategia del gobierno en la violencia juvenil?
El uso creciente de menores en actividades criminales plantea un desafío para las autoridades y programas de prevención. ¿Lograrán las políticas públicas y el fortalecimiento institucional disminuir la influencia de estas bandas y proteger a la juventud vulnerable en el Valle del Cauca?