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La posada que alimenta cuerpos y esperanzas desde 1988

Desde 1988, la Posada del Peregrino en Colombia brinda almuerzos diarios y cuidado a niños de madres cabeza de hogar. Un refugio donde la solidaridad y la esperanza se sirven en cada plato.

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Foto: La voz del país

Una comunidad que combate el hambre desde hace más de tres décadas

La Posada del Peregrino abrió sus puertas en 1988 como un espacio para aliviar el hambre en la comunidad. No solo ofrece almuerzos diarios, sino que se ha convertido en un refugio de esperanza y dignidad para quienes más lo necesitan.

Verónica Hernández, quien asiste tres veces por semana, expresa con una sonrisa que “me sobró almuerzo”, algo que en su hogar no siempre es posible. Esta realidad refleja la importancia de la Posada para muchas familias en situación vulnerable.

Voluntarios y trabajadores que entregan más que comida

Cada mañana, antes de que se sirva el primer plato, un equipo comprometido comienza la jornada. Desde hace 18 años, una mujer de Sincelejo se encarga de preparar alimentos para 220 personas, asegurando que nadie pase hambre.

“No hay que pasar hambre para entenderlos. Todos somos seres humanos. Uno no sabe en qué momento un hijo de uno puede caer en eso.”

William García, voluntario desde hace siete años y quien vivió en carne propia la experiencia del hambre, aporta su tiempo para evitar que otros sufran lo mismo. Junto a ellos, otros voluntarios como Carmen Alexa Barajas organizan la entrega y reciben con gratitud a quienes llegan.

Historias que reflejan la realidad de quienes buscan apoyo

En la Posada se encuentran personas con diversas historias. Juan Pablo Amaya, que vivió en la calle desde 2009, comparte cómo perdió sus negocios pese a una herencia considerable. Personas mayores, niños, mujeres y hombres se reúnen para compartir un momento de alimento y oración.

Los voluntarios también tienen sus propias vivencias; algunos han superado enfermedades o dificultades y hoy dedican su tiempo a ayudar. La Posada es descrita como “un pedacito del cielo” por quienes participan en esta cadena de solidaridad.

Un espacio que trasciende la entrega de alimentos

La Posada del Peregrino no solo ofrece comida, sino también programas educativos para 70 niños hijos de madres cabeza de hogar que viven en asentamientos, brindándoles cuidado, alimentación y educación en un entorno seguro.

Cada plato servido va acompañado de palabras de gratitud y esperanza, simbolizando un compromiso constante con quienes enfrentan la necesidad. En este lugar, nadie se va sin un plato ni sin una muestra de cariño que reconforta el alma.

¿Cómo seguirá creciendo esta red de apoyo en el futuro?

Con el apoyo de donaciones y voluntarios, la Posada del Peregrino continúa enfrentando los retos de la pobreza y el hambre. Su labor invita a reflexionar sobre el papel de la solidaridad y la importancia de crear espacios donde cada persona se sienta acompañada y valorada.

La voz del país

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