En un discurso memorable en la Universidad de Stanford en 2005, Steve Jobs, cofundador de Apple, compartió una profunda reflexión que lo acompañó desde los 17 años: cada día se preguntaba si haría lo mismo si ese fuera el último día de su vida.
Esta pregunta lo ayudaba a superar el miedo al fracaso y al ridículo, ya que, según Jobs, ese temor desaparece cuando se enfrenta la realidad de la muerte.
"El miedo al ridículo o al fracaso se desvanece ante la muerte"
Cuando la respuesta a esa pregunta era negativa durante varios días consecutivos, Jobs entendía que debía realizar un cambio profundo en su vida o en sus decisiones.
Este enfoque fue clave para que Jobs tomara decisiones con sentido y dedicación, dejando un legado que sigue inspirando a emprendedores y líderes alrededor del mundo.