Nadie lo anunció. Llegaron en silencio y se fueron dejando regalos y sonrisas. A días de viajar al Mundial, la Selección Nacional hizo una escala que no sale en la agenda oficial: visitó la Fundación Homi, el centro de cáncer infantil en Bogotá, para compartir tiempo con los niños que desde una cama también sueñan con la camiseta.
Un gesto que no estaba en el plan de marketing
La gestión de la visita fue coordinada por el representante del equipo, que programó el encuentro antes de la concentración final. El objetivo era compartir tiempo con los niños atendidos en Homi, sin interrumpir las labores del personal médico y manteniendo un perfil bajo, lejos de cámaras y actos protocolarios.
Más que autógrafos: horas de infancia regalada
Los jugadores llegaron con obsequios para los niños: gorras, camisetas oficiales y balones firmados por todo el plantel. Durante varias horas recorrieron las salas, conversaron con los pacientes, se tomaron fotos y jugaron actividades lúdicas adaptadas a las condiciones de cada habitación.
Minutos que valieron más que un gol con la alegría que contagió a los niños
La Fundación Homi atiende anualmente a más de 200 niños y adolescentes en tratamiento oncológico. Para ellos, recibir a los futbolistas significó una pausa en la rutina hospitalaria. Por unos minutos, las agujas, los sueros y las citas médicas quedaron en segundo plano para darle paso a risas, preguntas sobre fútbol y sueños compartidos.
Mateo, Sofía y 200 razones para ir sin cámaras
La visita no estaba en el plan de marketing del equipo. Estaba en el plan humano. Antes de pensar en rivales y marcadores, pensaron en Mateo, en Sofía, en los 200 niños que atiende la fundación cada año. El equipo volvió al bus sin publicar nada. Pero en Homi quedó una foto mental que no necesita de redes sociales, solo 25 futbolistas escuchando historias de valentía. Porque a veces, antes del Mundial, el partido más importante se juega regalando un rato de infancia.