En la década de 1960, el estudiante de arquitectura Moshe Safdie utilizó miles de piezas de Lego para probar el encaje tridimensional de módulos habitacionales. Esa idea revolucionaria se materializó en Habitat 67, el complejo residencial que se convirtió en el gran icono futurista de la Exposición Universal de Montreal de 1967.
Un experimento urbano que prometía una tercera vía
El diseño buscaba ofrecer una alternativa frente a los bloques de apartamentos impersonales y los suburbios dependientes del automóvil. Safdie soñaba con combinar la alta densidad de la ciudad con las ventajas de una casa individual, creando un hábitat vertical con jardines y terrazas privadas.
Las grietas de la utopía: humedad y costos desbordados
Sin embargo, el experimento afrontó desde sus inicios altos costos de construcción y complejos problemas estructurales de humedad. Con el paso de las décadas, las reparaciones se han vuelto cada vez más costosas y técnicas, transformando la utopía de hormigón en un desafío de mantenimiento para sus residentes.
El complejo modular de Montreal, diseñado por Moshe Safdie, cumple más de medio siglo debatiéndose entre su innovación arquitectónica, sus fallas técnicas y su transformación en un enclave de élite.
De vivienda social a símbolo de exclusividad
Lo que nació como un proyecto de vivienda social y experimental se ha convertido en un codiciado destino residencial para la élite cultural y económica de la ciudad. Las unidades, originalmente pensadas para familias de clase media, hoy se cotizan a precios millonarios, mientras los problemas de infraestructura persisten como un recordatorio de las contradicciones del diseño futurista.