Aryna Sabalenka, líder indiscutible del circuito femenino, no solo impresiona por sus títulos y solidez en 2026, sino también por la peculiaridad de sus gritos en la cancha, que alcanzan niveles sonoros sorprendentes y generan opiniones divididas entre jugadores y expertos.
Durante la semifinal del Abierto de Australia contra Elina Svitolina, la intensidad de uno de sus gritos fue considerada excesiva por la jueza de silla, quien sancionó a Sabalenka con pérdida de un punto, señalando que afectaba la concentración de su rival. Este episodio marcó un antes y un después en su estilo de juego, impulsándola a ser aún más agresiva.
El impacto sonoro que supera un concierto
Estudios han medido que los gritos de Sabalenka pueden alcanzar hasta 113 decibeles, nivel comparable al ruido de una sirena o un concierto de rock. Su uso constante de estas expresiones en casi todos sus saques y golpes la convierte en una figura única dentro del tenis actual.
Especialistas en ciencias del deporte explican que estos gritos no son solo una excentricidad, sino un recurso técnico para activar los músculos abdominales, aumentando la potencia y velocidad de sus golpes, lo que puede representar una ventaja competitiva.
Una tradición ruidosa en el tenis femenino
Sabalenka no es pionera en esta práctica. En los años noventa, Monica Seles ya destacaba por sus gritos cercanos a los 90 decibeles, seguida por Maria Sharapova, que llegó a los 105 decibeles. El récord histórico lo mantiene Michelle Larcher de Brito con 119 decibeles en Roland Garros 2009.
A sus 27 años, Sabalenka continúa construyendo un legado deportivo sólido, pero su estilo sonoro sigue despertando preguntas sobre si es una herramienta legítima para potenciar su juego o una distracción que podría rozar los límites reglamentarios.