El cierre por parte de Irán del estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial y una cuarta parte de los fertilizantes, ha puesto de relieve una vulnerabilidad bien conocida de nuestra compleja economía global interconectada: un único punto de fallo puede provocar interrupciones masivas y costosas.
Una dependencia que se multiplica
Estos puntos de fallo se han venido multiplicando durante décadas, y el caso de Ormuz es solo el ejemplo más reciente. La excesiva dependencia de una sola fuente para cualquier insumo crítico —ya sea energía, alimentos o tecnología— crea vulnerabilidades que, al materializarse, afectan cadenas de suministro enteras y elevan los precios a nivel global.
En términos económicos, la dependencia excesiva de una sola fuente para cualquier cosa puede generar un punto de falla.
La situación actual, con filas de vehículos en ciudades como Santiago de Chile antes de un aumento del precio de la gasolina, refleja cómo un evento geopolítico localizado puede tener repercusiones inmediatas en los bolsillos de millones de personas alrededor del mundo.