Hace pocas semanas, Luiz Inácio Lula da Silva parecía encaminado a una reelección segura en Brasil, respaldado por indicadores económicos positivos como un desempleo en mínimos históricos, una bolsa en máximos y una inflación baja. Sin embargo, la dinámica electoral ha cambiado drásticamente.
El expresidente Jair Bolsonaro, actualmente en prisión, designó a su hijo Flávio Bolsonaro como su candidato preferido para las elecciones de octubre, a pesar de ser considerado el menos carismático de sus hijos. Este movimiento ha generado un nuevo impulso en la intención de voto de Flávio.
Una encuesta reciente de Datafolha, publicada el 7 de marzo, reveló que Lula mantiene solo una ventaja de tres puntos porcentuales frente a Flávio Bolsonaro en una hipotética segunda vuelta, una disminución significativa frente a los 15 puntos que ostentaba en diciembre.
Encuestas posteriores han confirmado esta tendencia, mostrando incluso un empate técnico entre ambos candidatos, lo que convierte las elecciones en una contienda mucho más reñida y abierta a sorpresas.
“Sabemos que no será fácil, pero el viento sopla a nuestro favor”, afirmó un asesor de Lula, reflejando la confianza a pesar de los recientes cambios en las encuestas.