Con la excepción de Gabriel García Márquez, no existe en Colombia, y tal vez en Latinoamérica, otro autor que genere tanta devoción y ventas. Mario Mendoza es el escritor colombiano más vendido, y su historia es la de un monje que también sabe de mercadeo.
El portero que se volvió lector
En la Feria del Libro de Pereira, un portero encargado de cuidar la fila de autógrafos vio durante horas a cientos de personas esperando para que un hombre firmara sus libros. Ese hombre era Mario Mendoza, quien le regaló un ejemplar. Un año después, el portero regresó, pero esta vez como lector: ya se había leído cuatro o cinco novelas del autor. Esa anécdota, contada por Andrés Grillo, editor de Mendoza en Planeta Colombia, resume el poder de conversión de un escritor que ha roto todas las barreras de clase, edad y geografía.
Números que hablan solos
Según el más reciente reporte de Nielsen IQ Bookdata, entre enero de 2023 y marzo de 2026, Mendoza vendió 180.651 unidades impresas en Colombia, ocupando el tercer lugar detrás de Gabriel García Márquez (303.795) y James Clear (192.106), y superando a Isabel Allende, J.K. Rowling y Colleen Hoover. El dato es revelador: mientras García Márquez es un clásico universal y Clear un fenómeno de autoayuda, Mendoza es un escritor vivo de novelas urbanas de terror social y psicología oscura.
Auditorios llenos y filas interminables
En la Feria del Libro de Bogotá, Mendoza llenó el auditorio cuatro veces en el mismo evento: 3.200 personas en total. En Medellín, cuando el recinto habitual no alcanzó, consiguieron el auditorio de la Universidad de Antioquia: 1.200 asistentes. En Pasto, Manizales y Villa de Leyva la historia se repite. Las firmas de autógrafos se han convertido en un ritual intergeneracional: abuelas, madres, tías e hijas hacen fila juntas, como si fueran a un concierto de rock.
La disciplina de un monje y el olfato de un periodista
Mendoza tiene la disciplina de un monje: termina una novela cuando ya tiene la siguiente en marcha. Durante la pandemia entregó dos manuscritos escritos en paralelo. Pero también tiene la pasión del periodista investigador: para 'Satanás' investigó durante años la masacre del Pozzetto; para 'Los vagabundos de Dios' se infiltró en grupos religiosos. Y además, hace trabajo de calle: recorre librerías, habla con los libreros y pide que sus libros estén visibles. 'Eso no lo hace ningún autor', dice Grillo.
Sembrar en los colegios para cosechar en las ferias
Durante años, Mendoza visitó colegios en pueblos de Boyacá, en el sur de Bogotá, en zonas donde los escritores colombianos nunca iban. En el Lucero Alto encontró un cartel pintado a mano que decía: 'Somos la people'. Años después, esa misma gente apareció en una feria del libro con el mismo cartel para decirle: 'Usted fue a vernos, nosotros venimos a verlo'.
Una comunidad que nace sola
Martha Mejía, una lectora de Medellín, creó en Facebook un grupo de lectura dedicado a Mendoza después de que su médico le regalara 'Cobro de sangre' durante una sesión de quimioterapia. Hoy el grupo, llamado Comunidad Lectora Abrazo Libro, tiene cerca de mil integrantes en Colombia, Alemania y Cuba. Se reúnen todos los miércoles por videollamada para leer en voz alta y hacer tertulias. Es un ejemplo de comunidad lectora que las editoriales llevan años intentando fabricar artificialmente.
El escritor incómodo que no necesita el aplauso de la crítica
Mendoza conoce su posición en el tablero literario: la crítica y los sectores académicos lo miran con recelo, pero él ha optado por no disputar ese terreno. Prefiere el de los lectores reales, los que hacen fila a las seis de la mañana, los que aprenden a leer con sus libros en la cárcel. En la Cárcel Distrital y en El Buen Pastor, sus novelas son las más desgastadas de las estanterías. En plena pandemia, 'Bitácora del naufragio' se convirtió en un libro de cabecera para familias que se reunían por las noches a leer. 'Es un libro muy duro, y la gente se sentía reflejada', dice Grillo.