En la fría ciudad de Alta, situada a 1.800 kilómetros al norte de Oslo, la profesora Mina Steen enseña a sus estudiantes de 12 años sobre el fondo soberano de Noruega, el mayor del mundo. Este fondo, valorado en 1,85 billones de euros, representa una riqueza colectiva que supera los 320.000 euros por ciudadano, incluyendo a los bebés.
Este fondo nació para rentabilizar y diversificar los ingresos del petróleo del Mar del Norte, convirtiendo los recursos naturales en un patrimonio financiero que beneficia a toda la nación. Su valor se actualiza en tiempo real y es accesible para cualquier persona, reflejando la transparencia que caracteriza a esta institución.
La influencia del fondo se siente en toda Noruega, desde sus innovadores desarrollos urbanos en Oslo hasta un sistema de transporte mayoritariamente eléctrico, símbolo del compromiso del país con la sostenibilidad ambiental y la transición energética.
Nicolai Tangen, consejero delegado del fondo, lidera con una visión que combina sofisticación financiera y tecnología avanzada, especialmente inteligencia artificial, para optimizar la gestión de inversiones. Bajo su dirección, el fondo mantiene una política de inversión responsable que excluye empresas implicadas en violaciones de derechos humanos.
“Siempre dedico cinco minutos a pensar con gratitud en todo lo que me ha dado la vida: salud, familia, amigos y un trabajo interesante”, comenta Tangen, reflejando su compromiso personal y profesional con el bienestar del país.
La estrategia del fondo combina la gestión pasiva, siguiendo índices bursátiles, con una gestión activa limitada que aprovecha oportunidades en mercados volátiles. Además, la inteligencia artificial ayuda a detectar riesgos y mejorar la eficiencia, permitiendo al fondo adaptarse a un mundo cada vez más incierto y fragmentado.
El fondo soberano noruego es un ejemplo de cómo un país puede convertir recursos naturales en riqueza sostenible para toda su población, equilibrando la prosperidad económica con el compromiso ético y ambiental.