El cuerpo se adapta al ayuno prolongado
El ayuno de 24 horas consiste en suspender completamente la ingesta de alimentos durante un día entero, permitiendo únicamente el consumo de líquidos sin calorías. Esta práctica ha ganado visibilidad en los últimos años dentro de los métodos de alimentación intermitente.
Durante este periodo, el organismo no recibe energía externa, por lo que debe recurrir a sus reservas internas para mantener sus funciones vitales. Este proceso desencadena una serie de adaptaciones metabólicas progresivas.
En las primeras horas, el cuerpo utiliza la glucosa disponible como principal fuente de energía. A medida que esta disminuye, recurre al glucógeno almacenado en el hígado y posteriormente comienza a movilizar grasas para sostener el gasto energético.