Un control de rutina que destapó una red de contrabando biológico
Lo que parecía un control de rutina frente a viajeros con destino a las Antillas terminó por destapar, por segunda vez en menos de 15 días, una modalidad de contrabando biológico tan sofisticada en su logística criminal como aberrante en su ejecución material: el ocultamiento de especies vivas en las partes íntimas de los denominados 'correos de la fauna'.
En las últimas horas, un hombre de 25 años pretendía abordar un vuelo comercial con destino a la República Dominicana. Su postura rígida y el evidente nerviosismo ante el canino de la Policía Ambiental encendieron las alarmas en los filtros de seguridad. Al ser conducido al cuarto de registro, los uniformados descubrieron el horror: dos ejemplares vivos de ardilla colorada (Sciurus granatensis), una especie endémica y protegida por el Estado, colgaban adheridos con cintas directamente a su fisonomía íntima.
El modus operandi que preocupa a las autoridades
Este es el tercer caso en menos de dos semanas con el mismo método de ocultamiento. Los pasillos de preembarque del Aeropuerto Internacional Rafael Núñez de Cartagena de Indias se han transformado en una de las trincheras más complejas para la contención del tráfico transnacional de biodiversidad en América Latina.
Las ardillas coloradas son una especie protegida por el Estado colombiano. Su tráfico ilegal no solo atenta contra la biodiversidad, sino que somete a los animales a condiciones de sufrimiento extremo.
Las autoridades confirmaron que una de las ardillas murió debido al estrés y las condiciones de ocultamiento. La otra fue recuperada y se encuentra bajo cuidado de expertos en fauna silvestre. El capturado fue puesto a disposición de la Fiscalía General de la Nación por el delito de tráfico de especies amenazadas.