Cuando Rafael Enrique Ucros Ureche llegó a La Distracción, un corregimiento en el sur de La Guajira, en julio de 1977, el lugar era apenas un puñado de casas de barro, acequias que traían agua del río Ranchería y unos 400 habitantes. Venía de Lagunita de la Sierra, en las montañas de la Sierra Nevada de Santa Marta, huyendo de la violencia que azotaba la región. Con él viajaban su esposa Judith y sus primeros ocho hijos. En ese entonces, compró un terreno por $2.000 pesos a ‘Maña’ Solano, frente a un extenso cultivo de arroz, la principal actividad económica de la zona.
Un hombre de otros tiempos
El ‘viejo Rafa’, como le decían, fue campesino, comerciante, líder comunal e inspector de policía. En Distracción cultivó la tierra, crió animales, curó heridas con petróleo, sal y limón, y enseñó a sus nietos a colgar chinchorros y a barrer el patio con devoción. Su casa, construida con cemento y ladrillos pagados con la venta de la de Lagunita, se convirtió en el epicentro de una familia numerosa. Allí, con una disciplina militar que nunca perdió, educó a sus hijos, regañó a sus nietos y cargó a sus bisnietos.
“Eran otros tiempos”, respondía cuando le preguntaban cómo hizo para mantener a 16 hijos, comprar ganado o tener varias mujeres. Una frase que resumía una época donde la vida era distinta.
El legado de un patriarca
Rafael tuvo 16 hijos en total: ocho con Judith, seis con Regina Mendoza y dos con Uvilda Oñate. De ellos, varios se dedicaron a la pedagogía, siguiendo el ejemplo de las hijas que aprendieron a leer y escribir en Lagunita, donde una pared de revistas hacía las veces de biblioteca. También fue uno de los primeros en abrir una cuenta en el Banco Agrario, aunque prefería guardar sus ahorros en medias escondidas en el escaparate. A lo largo de su vida, tuvo 50 cabezas de ganado y 30 hectáreas de tierra, que malvendió cuando tuvo que dejar su tierra natal.
Un adiós multitudinario
Hace un mes, Rafael falleció a los 99 años. Su funeral reunió a unas 400 personas, casi la misma cantidad de habitantes que tenía Distracción cuando él llegó. Lo lloraron bajo el sol que oscureció su piel, en la casa que aún se levanta y donde aprendieron que “comer es como estar en misa” y que “las fuerzas vienen es de la barriga”. Hoy, el terreno que compró está partido en pedazos, como el corazón de quienes lo recuerdan, pero su legado permanece en cada hijo, nieto y bisnieto que sigue sus enseñanzas.
Como escribió su nieto Edwin Caicedo, periodista de El Tiempo: “Gracias, Rafael, porque para mí los Ucros siempre han sido la versión real de los Buendía”. Y es que, en efecto, el ‘viejo Rafa’ fue uno de esos hombres que, con su esfuerzo y su familia, ayudaron a fundar un Macondo en un pueblito llamado Distracción.