El Campín no fue estadio, fue una selva, allí donde el fogoso león manda, allí donde el temible león reina. En sus predios, la manada de Santa Fe pegó uno, dos, tres, cuatro mordiscos contra el América, le ganó 4-0 y clasificó a la semifinal de la Liga. Entonces, saciados y relamidos, los cardenales, liderados por Rodallega, el león mayor, se peinaron la melena, se ajustaron el traje de la victoria y se fueron a tener su merecido descanso para la siguiente batalla.
Un primer tiempo de estudio y explosión
La victoria tardó en llegar, porque los dos equipos perdieron mucho tiempo estudiándose, calculando cuándo atacar para no fallar, pensando cómo agredir. Santa Fe tenía la posesión pasiva, sin el cambio de ritmo, sin sorpresa, sin nada. Era un león maniatado, pero pedía calma, preparaba su festín. América no se decidía si presionar o aguantar.
Al minuto 29, por fin algo pasó en El Campín, una primera emoción cardenal: Nahuel Bustos picó al espacio libre, en carrera, liberado de la marca, tenía una milésima de segundo para decidir, el portero Jean Fernandes salió a cortar su inspiración, como si quisiera espantarlo, y le ganó ese primer duelo.
En ese momento, los hinchas cardenales tomaron aliento, presintieron que lo que tenía que pasar, pasaría, avivaron, rugieron, no se sentaron. América sintió el temblor, el susto. Carrascal, confundido, no sabía con quién tocar, decidió darle el pase a su peor rival, a Nahuel, quien dijo 'gracias' y arrancó, se llevó todas las marcas y las miradas; todos pensaban que el pase era para Frasica, pero Rodallega picaba silencioso para que nadie lo descubriera: Nahuel lo venía mirando de reojo y le tiró un pase inesperado, perfecto, justo en el área, allí donde los delanteros cobran fama. Rodallega no fusiló, para qué, si su toque sutil ya es dinamita, lanzó una caricia y la pelota viajó lenta, segura, dibujando una G que se convirtió en el camino en una O y terminó en L en la red: ¡Gol!
El penal y el segundo de Rodallega
Si los hinchas cardenales ya infartaban de alegría, aún les quedaban otras taquicardias, otros espasmos de sus corazones. El león ya estaba ávido de carne. Al minuto 44, Nicolás Hernández metió la mano en el área, lo pillaron in fraganti y penalti. La pelota esperaba por su amo: Hugo la acomodó, miró el arco con serenidad salvaje, hizo una pausa, como si midiera el pavor del portero, y lanzó su derechazo infalible. Gol, otro de Hugo, otro de Santa Fe. 2-0.
Segundo tiempo: la sentencia cardenal
Como era de esperarse, América salió enfurecido, a no perder un instante, pero toda su voluntad, todo su esfuerzo se vio derrumbado cuando al minuto 57 Rodallega metió un pase filtrado, un pase que vale por otro gol, porque Frasica recibió, lanzó el centro rastrero y Nahuel, que tanto lo merecía, se lanzó como quien se arroja a la gloria definitiva: 3-0. El resto del partido fue suplicio para el América. Si seguían en la cancha era por el honor, pero temían que Rodallega siguiera tan inspirado. Y seguía y casi hace otro con un remate directo al travesaño. Era el tercero de Hugo, no fue, pero ya merecía llevarse la pelota. Como a él no le gusta nada a medias, hizo el tercero de su cuenta. Al minuto 84 hizo otro golazo, pechito, remate y adentro. El eco de la ovación aún se escucha en El Campín: 'Hu... gol.. Hu... gol'.
La victoria de Santa Fe fue como de fantasía. Y si esto no fue un sueño, celebren, que ya están en semifinales.