México, que desde 1917 mantenía una jornada laboral de 48 horas semanales, inicia un cambio histórico con la aprobación de una reforma que reducirá progresivamente la jornada a 40 horas para 2030. Este avance se da tras años de negociaciones, protestas y ajustes que reflejan la complejidad de equilibrar derechos laborales y demandas empresariales.
El primer proyecto, presentado en 2022 por Morena y liderado por la abogada laboralista Susana Prieto, proponía una reducción inmediata a 40 horas y dos días de descanso semanal. Sin embargo, tras la pausa ordenada por el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador y la presión de sectores empresariales, el proyecto sufrió modificaciones que suavizaron sus medidas originales.
Un proceso marcado por pausas y protestas
En diciembre de 2023, López Obrador frenó la iniciativa para evitar que fuera utilizada con fines electorales y priorizó otros temas laborales. La oposición de grandes empresarios como Carlos Slim también influyó en la revisión del proyecto, que finalmente mantuvo un solo día de descanso semanal y aumentó el límite de horas extras permitidas.
Tras la llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia en 2024, el tema retomó fuerza, impulsado por manifestaciones, marchas y huelgas de hambre de pequeños sindicatos. Las negociaciones formales comenzaron en mayo de 2025, con la participación de líderes sindicales y empresarios, buscando acuerdos que permitieran una implementación gradual.
El consenso y la reforma final
Después de cinco meses de diálogo, se presentó una iniciativa con respaldo de las patronales y grandes sindicatos. La reforma contempla una reducción progresiva de la jornada hasta las 40 horas, con flexibilidad para las pequeñas empresas y un aumento en el máximo de horas extras permitidas, que pasó de 9 a 12 horas semanales.
El secretario de Trabajo, Marath Bolaños, destacó que la reforma sigue recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo y responde a demandas de sectores con picos de trabajo estacionales, como el turismo y la agricultura, que requieren la posibilidad de jornadas flexibles con remuneración adecuada.
“No se puede hacer de un día a otro, pero lo importante es ver cómo lo vamos a hacer y que sea un acuerdo que nos permita mejores condiciones para los trabajadores.”
Aunque críticos lamentan que la reforma haya perdido parte de su ambición inicial, el acuerdo representa un paso significativo para modernizar las condiciones laborales de México, alineándolas con las legislaciones más progresistas de la región como las de Chile y Colombia.